Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe
Boletin Dominical
18
de abril de 2004
1er.
domingo de pascua
del
APÓSTOL TOMÁS
O EL DOMINGO
NUEVO
“Hoy la primavera exhala su perfume y la nueva
creación se regocija. Hoy los cerrojos de las puertas se quitan junto con la
desconfianza del querido Tomás que exclama: “Tú eres Señor mío y Dios mío.”
(Exapostolarion)
Oh Cristo nuestro Dios, estando sellado el sepulcro, de él saliste esplendoroso, oh Vida. Y mientras las puertas estaban cerradas, viniste a los discípulos, oh Resurrección de todos y por ellos, nos renovaste a nosotros con el Recto Espíritu según tu gran misericordia.
Cuando descendiste al Sepulcro, oh Inmortal, destruiste el poder del hades; y al resucitar vencedor, oh Cristo Dios, dijiste a las mujeres Mirróforas: "¡Regocíjense!" y a tus discípulos otorgaste la paz, ¡tú que concedes a los caídos la resurrección!
LECTURA DE LOS HECHOS DE LOS APÓSLOLES
(5, 12-20)
En
aquellos días: Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales
y prodigios en el pueblo...
Y
solían estar todos con un mismo
espíritu en el pórtico de Salomón, pero nadie de los otros se atrevía a
juntarse a ellos, aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio.
Los creyentes cada vez en mayor número se adherían al Señor, una
multitud de hombres y mujeres.
...hasta
tal punto que incluso sacaban los enfermos a las plazas y los colocaban en
lechos y camillas, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno
de ellos. También acudía la
multitud de las ciudades vecinas a Jerusalén
trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos; y todos eran
curados.
Entonces se levantó el Sumo Sacerdote, y todos los suyos, los de la secta de los saduceos, y llenos de envidia, echaron mano a los apóstoles y les metieron en la cárcel pública. Pero el Ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la prisión, les sacó y les dijo: “Id, presentaos en el Templo y decid al pueblo todo lo referente a esta Vida”.
EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN
(20, 19-31)
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros.” Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros”. Como el Padre me envió, también yo os envió.”
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”
Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros dos discípulos le decían: “Hemos visto al Señor.” Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.”
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: “La paz con vosotros.” Luego dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.” Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío.” Dícele Jesús: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.”
Jesús realizó en presencia de los discípulos otras
muchas señales que no están escritas en este libro.
Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el
Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
PAZ Y ALEGRÍA
Al atardecer del día de la Resurrección, el Señor se presentó de improviso a sus discípulos y les dijo: “La paz con vosotros.” Con ello calmaba los tempestuosos pensamientos, la turbación en los corazones, la tristeza, el miedo, producidos por los últimos acontecimientos y por la incomprensión de que Jesús debía de resucitar de entre los muertos (Jn.20,9). Les recordaba, así mismo, las palabras que les había dicho antes de su crucifixión: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo (Jn. 14,27)
Junto con la Paz que da y la alegría de verle, la presencia del Resucitado entre ellos, no sólo consoló y confortó a los discípulos sino aclaró y profundizó su entendimiento fortaleciendo su confianza en Aquél que les había dicho, antes de su pasión voluntaria: vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar (Jn. 16,22).
RECIBID EL ESPÍRITU
San Juan Crisóstomo nos dice: “Ya no pide al Padre por ellos (los discípulos), sino que les da poder con autoridad. Sopló y dijo: Recibid el Espíritu Santo. A los que perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos. De la misma forma que un rey que envía gobernadores les da potestad para poner en prisión y para sacar de ella, de igual modo, al enviar a los discípulos, les confiere este poder...
Porque, si Daniel perdió la razón cuando vio un ángel (Dn.8,17), ¿qué no les habría sucedido a los discípulos al recibir aquella gracia inefable, si no los hubiera preparado primero? Por este motivo no dijo: “Habéis recibido el Espíritu Santo”, sino Recibid el Espíritu Santo. No se equivocaría quien dijera que entonces recibieron un cierto poder espiritual y una cierta gracia para perdonar pecados. Por ese motivo, añadió: A los que perdonéis los pecados, les serán perdonados, manifestando qué clase de poder les comunicaba.”
NO SEAS INCRÉDULO
Tomás no estaba con sus condiscípulos cuando estos vieron al Señor Resucitado ni había acudido, en la madrugada, al sepulcro vacío con Pedro y Juan cuando, entrando, vieron “las vendas en el suelo, y el sudario que cubría su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte”(Jn. 20,6-7), y creyeron en la Resurrección. Su incredulidad no era producto de una pérdida de confianza, amor y lealtad con los discípulos que decían: “Hemos visto al Señor”. Había estado junto a ellos cuando la resurrección de Lázaro: “Vayamos también nosotros, para que muramos con él”. Pero el tamaño de su fe no le permitía entender por qué Jesús tenía que morir y levantarse de entre los muertos. Consideraba, pues, la Resurrección como algo imposible, incomprensible. Por eso más que ver, deseaba palpar, tocar, meter su dedo en el agujero de los clavos y su mano en el costado. Por que no tenía “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hb. 11,1), el Señor en su infinita misericordia le mostró sus heridas para que se convenciera y creyera, amonestándolo por su falta de fe: “y no sea incrédulo, sino creyente”.
La Resurrección es el fundamento de la fe cristiana, vivamos a plenitud la sentencia del Señor: Bienaventurados los que no vieron y creyeron.
EL "AMÉN"
Cuando el presbítero exclama “Bendito sea el Reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” o cualquier otra exclamación, el pueblo contesta “Amén”, término que - interpretado en lo general como: así sea- lleva un sentido más fuerte. Pues, el “Amén” lleva un sentido activo. Es la expresión que concluye cada exclamación del sacerdote sellándola por la aceptación, y expresando la participación responsable y esencial de cada fiel y de toda la asamblea en la misma obra litúrgica de la Iglesia.
SOBRE LA RESURRECCIÓN
“si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.” (1Cor.15,14).
“Muchos
son los que creen en la Resurrección de Cristo, pero pocos, los que la ven con
claridad.” (San Simeón el Neo-Teólogo).
“nuestra Fiesta (la Resurrección) es la fiesta de las fiestas siempre y cuando permanezcamos con aquel que es el Novio de la fiesta, y su flor; siempre y cuando comamos su Cuerpo y bebamos su Sangre para la vida eterna y la nueva alianza” (el Patriarca Ignacio IV)