Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe

Boletin Dominical

29 de agosto de 2004

 

 

recuerdo de la decapitación

de SAn juan bautista

 

Coronemos con alabanzas al Precursor de la Gracia, el grande de los profetas, y electo de los apóstoles; quien fue decapitado por la Ley del Señor.

(Exapostelarion


TROPARIOS

Tropario de Resurrección (Tono 4)

Las discípulas del Señor aprendieron del Ángel el alegre anuncio de la Resurrección, y la sentencia ancestral rechazaron y se dirigieron con orgullo a los apóstoles diciendo: ¡Fue aprisionada la muerte, resucitó Cristo Dios y concedió al mundo la gran misericordia! (Escuche el tropario)

Tropario de la Dormición (Tono 2)

El recuerdo del justo es con alabanzas, pero a ti, oh Precursor, te basta el testimonio del Señor. Porque te hiciste verdaderamente como el más honrado de los profetas que te hiciste digno de bautizar en el Jordán al que fue anunciado; y como defendiste la verdad, con alegría anunciaste, hasta a los que estaban en el Hades, sobre Dios que se ha revelado en el cuerpo, que quita el pecado del mundo y nos otorga la gran misericordia.

Kondakion  del Nacimiento de la Virgen (Tono 4)

Joaquín y Ana fueron librados de los reproches de la esterilidad, y Adán y Eva, de la corrupción de la muerte, por tu santo nacimiento, oh Purísima.  Por eso tu pueblo celebra este acontecimiento, pues por él ha sido rescatado de la culpa de sus transgresiones, exclamando: La estéril da a luz a la Madre de Dios, la alimentadora de nuestra vida.

LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES

(13, 25-33)

En aquellos días, al final de su carrera, Juan decía: ‘Yo no soy el que vosotros os pensáis, sino mirad que viene detrás de mí aquel a quien no soy digno de desatar las sandalias de los pies.’

“Hermanos, hijos de la raza de Abraham, y cuantos entre vosotros temen a Dios: a vosotros ha sido enviado este Palabra de Salvación. Los habitantes de Jerusalén y sus jefes cumplieron, sin saberlo, las Escrituras de los profetas que se leen cada sábado; y sin hallar en Él ningún motivo de muerte pidieron a Pilato que le hiciera morir. Y cuando hubieron cumplido todo lo que referente a Él estaba escrito, le bajaron del madero, y le pusieron en el sepulcro. Pero Dios le resucitó de entre los muertos. Él se apareció durante muchos días a los que habían subido con Él de Galilea a Jerusalén y que ahora son testigos suyos ante el pueblo.

También nosotros os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres, Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

(6, 14-30)

En aquel tiempo:  Se enteró el rey Herodes de la fama de Jesús, pues su nombre se había hecho célebre.  Algunos decían: “Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.”  Otros decían: “Es Elías”; otros: “Es un profeta como los demás profetas.”  Al enterarse Herodes, dijo: “Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado.”

Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado.  Porque Juan decía a Herodes: “No te está permitido tener la mujer de tu hermano.”  Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea.  Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales.  El rey, entonces, dijo a la muchacha: “Pídeme lo que quieras y te lo daré.”  Y le juró: “Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.”  Salió la muchacha y preguntó a su madre: “¿Qué voy a pedir?”  Y ella le dijo: “La cabeza de Juan el Bautista.”  Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: “Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.”  El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y los comensales.  Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan.  Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.  Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.

SAN JUAN BAUTISTA

Hoy, 29 de agosto, recordamos la decapitación de san Juan Bautista, el gran profeta de la verdad, que a  nadie tuvo miedo sino a Dios.

Juan vivió en el desierto abstrayéndose del mundo y enseñando a la gente la conversión “porque ha llegado el reino de los cielos” (Mt.3:2). Al ver su estricta conducta toda la gente se acercaba a él aunque fuesen reprendidos por su hipocresía.

Y cuando le preguntaron al Bautista que si él era el Mesías, contestó con toda claridad y humildad: “No soy el Cristo... yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor” (Jn.1: 20-24). Así, En el Bautista se realizó lo dicho por el Señor a través del profeta Malaquías: “he aquí que yo envío a mi mensajero a allanar el camino delante de mí” (Mal.3:1), eso es lo que da al profeta   Juan   el  título  de  “Precursor”,  pues,  él precedió a Cristo para prepararle el camino por el arrepentimiento, arrepentimiento verdadero y profundo.

Así, el Profeta y precursor reprendía a los fariseos y saduceos quienes enseñaban solo predicando sin hacer obras adecuadas y, en cambio, los animaba a  dar “frutos dignos de conversión” (Mt.3:8). Pues la conversión no es mero remordimiento sino un cambio en el corazón que se traduce en obras. Antes de que el pecador obtenga su absolución tiene que cambiar su postura, conducta y visión de las cosas.

El glorioso profeta sigue siendo el precursor de Cristo en la vida de los fieles de generación en generación; pues él es el ejemplo de la abstinencia, castidad y de la vida del arrepentimiento. Él es el patrón de los monjes y habitantes del desierto. No deja de preparar la venida del Señor en nuestras corazones exclamando: “preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.” (Mt. 3:3).

LA ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

“Rey celestial, Consolador, Espíritu de verdad, que estás en todo lugar llenándolo todo, tesoro de bienes y dador de vida, ven a habitar en nosotros purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno nuestras almas.”

Con esta oración la Iglesia inicia todos los servicios: vísperas, completas, maitines... también el sacerdote antes de iniciar la Divina Liturgia la recita pidiendo el auxilio divino. Nunca se comienza una acción importante, tanto en la Iglesia como en el mundo, sin pronunciarla; es la oración que introduce toda oración, pues toda auténtica oración se despliega gracias al soplo del Espíritu como dice san Pablo: “Nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.” (Rom. 8, 26)