Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe
Boletin Dominical
5
de diciembre de 2004
LA
MEMORIA DE SAN Sabas
“Oh iluminado justo Sabas, belleza de los Padres:
con tu conducta edificaste el desierto transformándolo en un paraíso
espiritual adornado con flores divinas, el coro de los ascetas, que celebran
tu venerable memoria.”
(Exapostelario)
Cuando descendiste a la muerte, oh Vida inmortal, mataste al Hades con el rayo de tu Divinidad, y cuando levantaste a los muertos del fondo de la tierra, todos los poderes celestiales clamaron: ¡Oh Dador de vida, Cristo Dios, gloria a Ti! (Escuche el Tropario)
Con la efusión de tus lágrimas regaste el desierto estéril; y por los profundos suspiros, tus fatigas dieron frutos cien veces más, volviéndote un astro del universo, brillante con los milagros, oh nuestro justo padre Sabas; intercede ante Cristo Dios para que salve nuestras almas.
Hoy la Virgen viene a dar a luz inefablemente, en humilde gruta, al sempiterno Verbo. Gózate, oh universo, al escucharlo; alaba, con las potestades y pastores, a quien por voluntad se revela, al nuevo niño, al eterno Dios.
CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS
(5, 22- 6, 2)
Hermanos:
El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad,
fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley. Pues los
que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus
apetencias.
Si
vivimos según es Espíritu, obremos también según el Espíritu. No busquemos
la gloria vana provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.
Hermanos, aun cuando alguno incurre en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo.
EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
(13, 10-17)
En aquel tiempo: Estaba Jesús un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad.” Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente. “Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado.”
Replicóle el Señor: “¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?” Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.
EL DÍA DEL DESCANSO
Cristo en el Evangelio de hoy, una vez más, rompe las reglas del “Sábado” para curar a la encorvada mujer, pero también a la enferma mentalidad que malinterpretaba el descanso del Sábado: “santifica el día del Shabat (Sábado).”
La importancia del “Sábado” en el Judaísmo tiene su base en la imagen de la creación descrita en el libro del “Génesis”. Dios creó el mundo en seis días y, viendo que “todo estaba muy bien”, bendijo el séptimo día como día de descanso (Shabat), día en el cual Dios descansó en su buena obra.
Teniendo
esta base, entendemos el mandamiento “santifica el día del Sábado” más
profundamente. Pues, no es un día para que, descanse yo, sino para que Dios
descanse en mí como su buena criatura, es decir, santa.
En nuestro “Shabat”, que es el domingo, nos dedicamos a todo lo santo, preparamos el alma como una cámara adornada con oración, caridad, arrepentimiento y examen de conciencia; para así convertirla en una cámara digna del descanso del Señor.
La
santificación de este día no es para oponerla a los otros días como no
santos; sino que es una fuente de santificación para todos los días, ya que
nuestra invitación es para ofrecer “cada instante de nuestra vida a Cristo
nuestro Dios.” Quizá nuestro modo de vida, intereses y ocupaciones nos hacen
olvidar el objeto principal; y por eso, el domingo viene a recordarnos que: “Del
Señor es la tierra y su plenitud, el mundo y los que lo habitan” (Sal.24:1).
Es el Día del descanso; suspendamos las obras que no hagan descansar al Señor, y así, siempre preparados, clamemos como San Juan el Teólogo en el Apocalipsis: “Ven, Señor Jesús,” Amén.
SAN SABAS
(5 de diciembre)
Nació en uno de los pueblos de Capadocia (hoy territorio de Turquía) en el año 439. Desde sus dieciocho años acudió a la Tierra Santa para incorporarse en el monaquismo por manos del Santo monje Teoctisto. Luego practicó la vida ascética en una cueva aislada, en el valle que mira hacia Jerusalén; pero en un pequeño lapso de tiempo se reunieron al rededor suyo más de setenta aprendices que formaron el monasterio llamado, hasta el día de hoy, “Gran Lavra de san Sabas.”
Su fama se difundió en todos lados y mucha gente le buscaba, o para incorporarse a su monasterio o para pedir su consejo y apoyo espiritual. Con humildad y austeridad guió a su rebaño, confirmándolo en la recta fe. Defendió la doctrina ortodoxa sobre las dos naturalezas de Cristo, divina y humana. Aunque el Santo no dejó enseñanzas escritas, sin embargo, su vida documentada por uno de sus contemporáneos, enriqueció la tradición monástica con relatos que muestran la sencillez del discernimiento de un hombre de Dios pero, a la vez, su profundidad.
San Sabas murió en el año 532 a los 94 años. Su cuerpo permaneció en el monasterio hasta que fue trasladado a Venecia durante las cruzadas, pero de vuelto en el año 1965 a su casa. Durante muchos siglos la Lavra de San Sabas en Palestina logró ser un faro del monaquismo, faro en el cual brillaron muchos de los padres de la Iglesia como san Juan Damasceno y San Cosme, obispo de Mayoma.
La Iglesia en Oriente y Occidente recuerda a Sabas, el Santificado, el día 5 de diciembre. Sus intercesiones sean con nosotros. Amén.
Un
día, el monje encargado de la cocina del monasterio, guisó habas más de lo
necesario, así que tiró por la ventana lo que había sobrado. San Sabas notó
lo sucedido; en seguida bajó de su celda a recoger las semillas, las expuso al
sol para secarlas, luego las guardó en un vaso.
Unos días después, San Sabas llamó al monje mencionado, y le preparó un plato de habas. Comieron juntos y luego san Sabas le dijo: “Perdóname, hermano, que no sé guisar bien; quizás no te gustó.” Contestó el monje: “Al contrario, en mi vida, nunca he probado comida tan exquisita como ésta.” Dijo el Santo: “Créame, hijo, que esta comida es de las habas que tiraste por la ventana. Pues quien no sabe guardar un guisado para satisfacer la necesidad de los que están debajo de su encargo sin tirar nada, no es digno de ser cabeza; san Pablo dice: “Si alguien no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar la Casa de Dios?” (1 Tim.3, 5).
AROMAS DEL JARDÍN DE LOS MONJES
+Preguntaron a un anciano cómo algunos podían decir que habían visto el rostro de los ángeles. Y él contestó: “Dichoso el que ve siempre sus pecados.”
+Decía un anciano: “Si alguno dice: “Perdóname”, con humildad, quema a los demonios tentadores.”
+ Uno vio que un día el abad Arsenio consultaba sobre sus propios pensamientos a un anciano de Egipto le dijo: “¿Cómo tú, abad Arsenio, que tienes una cultura y una erudición tan elevada en textos latinos y griegos, vienes a consultar a este rústico?” Y él respondió: “Aprendí cultura latina y griega para el mundo, pero todavía no he podido aprender el alfabeto de este rústico.”
Grabación de la Paráclesis:
Un profundo agradecimiento al Coro de la Catedral por el tiempo y esfuerzo dedicados en la grabación del nuevo CD “Paráclesis: Súplicas a la Madre de Dios.” La Paráclesis a la Madre de Dios es muy cercana al corazón del pueblo ortodoxo; se suele cantar durante la vigilia de la Dormición de la Virgen (o fiesta de la Asunción para la tradición católica romana), del 1° al 15 de agosto; en los monasterios constantemente la celebran durante la semana y los fieles en sus apuros o tristezas, dificultades o alegrías, acostumbran cantarla individual o comunitariamente.
Exhortamos a los fieles a que lo obtengan con el fin de educar los sentidos en la dulzura de las sagradas melodías, y familiarizarse con este bello servicio que elevamos en veneración a la Virgen: “!Santísima Madre de Dios, sálvanos!”