Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe

Boletin Dominical

12 de diciembre de 2004

 

domingo de los santos  progenitores y 

el recuerdo de San Espiridión

 

 

elogiemos a Adán, Abel, Set y Enós, Henoc y Noé, Abraham, Isaac y Jacob; Moisés, Job y Aarón; Eleazar, Jesé, Baruc, Sansón, Jafté, David y Salomón.    

 (Exapostelario)


TROPARIOS

Tropario de Resurrección (Tono 1)

Cuando la piedra fue sellada por los judíos y tu purísimo cuerpo fue custodiado por los guardias, resucitaste al tercer día, oh Salvador, concediendo al mundo la vida. Por lo tanto, los poderes celestiales clamaron a Ti: Oh Dador de Vida Gloria a tu Resurrección, oh Cristo, gloria a tu Reino,  gloria a tu plan de salvación, oh Único, Amante de la humanidad. (Escuche el tropario)

Tropario del Domingo (Tono 4)

Elogiaste la fe de los antiguos padres, cuando, por ellos, llamaste a la asamblea de los gentiles; los santos se enorgullecen con la gloria, pues de su simiente se maduró un fruto honorable: la que te dio a luz sin simiente. Por sus intercesiones, oh Cristo Dios, salva nuestras almas.

Condaquio de la Navidad (Tono 3)

Hoy la Virgen viene a dar a luz inefablemente, en humilde gruta, al sempiterno Verbo. Gózate, oh universo, al escucharlo; alaba, con las potestades y pastores, a quien por voluntad se revela, al nuevo niño, al eterno Dios.

 

CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS

(5, 8-19)

Hermanos: ...Vivid como hijos de la luz; pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad. Examinad qué es lo que agrada al Señor, y no  participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas. Cierto que ya sólo el mencionar las cosas que hacen ocultamente da vergüenza; pero, al ser denunciadas, se manifiestan a la luz.

Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por  eso se dice: Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo.

Así pues, mirad atentamente cómo vivís; que no sea como imprudentes, sino como prudentes; aprovechando bien el tiempo presente, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino comprended cuál es la voluntad  del  Señor. No os embriaguéis con vino, que es causa de libertinaje; libertinaje; llenaos más bien del Espíritu. Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

(14, 16-24)

Dijo el Señor esta parábola: “Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: “Venid, que ya está todo preparado.” Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: “he comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.” Y otro dijo: “he comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego me dispenses.” Otro dijo: “me he casado, y por eso no puedo ir.”

Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: “Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos.” Dijo el siervo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitios.” Dijo el Señor al siervo: “Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llena mi casa.” Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.”

LOS INVITADOS DESCORTESES

Aquí el banquete representa el reino mesiánico, y esta imagen de representar por medio de un banquete el advenimiento del Mesías, era familiar a los judíos, de la cual nuestro Señor Jesucristo toma pie para exponer esta parábola, con lo que muestra la poca estima que se hacía del reino mesiánico, a juzgar por el desprecio de los invitados.

Es evidente que este relato Cristo lo aplica a las clases directoras de Israel, pues desecharon el llamamiento que a ellos primeramente se hizo, como más capaces de entenderlo y de quienes dependía la adhesión del resto del pueblo. Los maestros de Israel tenían las llaves de la ciencia y el saber y no entraron, e impidieron la entrada a los demás (Mt. 23:13). Por eso está escrito “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron,” (Ju. 1,11).

El símil del banquete con el reino mesiánico descrito en la parábola que es leída en el evangelio de hoy, es perfecto y adecuado con la realidad del pueblo judío respecto a sus relaciones con Dios.

El pueblo elegido de Dios no atiende el llamamiento y rechaza a su Creador y Redentor. Cristo, conservando las jerarquías, llama en primer lugar a su pueblo, y como éste muestra oídos sordos, Cristo se dirige a los demás pueblos de la tierra y da instrucciones precisas a sus doce apóstoles “Por camino de gentiles no  vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt. 10,5-6) pero posteriormente les ordena ir a todas las naciones (Mt. 28,16-20, Mc. 16,14-18).

El pueblo judío fue llamado para servicio,  por el llamamiento de Cristo y la invitación a seguirle, va acompañado de una promesa más excelente, pues dice la Escritura “mas a todos los que  le recibieron a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Jn. 1,12). Esto debe llenarnos de gozo y agradecimiento por el amor que Dios tiene para con su pueblo, con el cual ha hecho una nueva  alianza. Las palabras del  evangelio son claras; sólo los que reciben a Cristo y creen en él, son hechos hijos de Dios.

Seamos siempre fieles al llamamiento que Cristo nos hizo, no retrocediendo nunca ni ser semejantes a los invitados de la parábola poniendo excusas para no acudir al llamado de gracia.

SAN ESPIRIDIO EL MILAGROSO

(12 de diciembre)

Nuestro santo padre Espiridión vivió en Chipre, en el siglo IV. Era un pastor humilde y sencillo, que cuidaba su rebaño de ovejas. Su hospitalidad era digna de comparación con la del Patriarca Abraham; pues recibía al que le visitaba como si el mismísimo Cristo lo hubiera visitado. Nadie salía de su casa sin haber sido reconfortado.

Después de la muerte de su esposa, Espiridión decidió dedicar toda su vida al amor de Dios, y su espíritu, día con día, brillaba más con las virtudes. Cuando el arzobispo de Trimito falleció, el pueblo llevó a Espiridión con el Patriarca pidiendo que lo ordenara, así que se convirtió en pastor espiritual de las ovejas del Señor, pero esto no le privó lo sencillo y humilde que era.

Una noche los ladrones entraron a su casa, para robarle las ovejas, pero una fuerza muy grande los detuvo; y cuando el santo los descubrió los delincuentes confesaron apenados, entonces él decidió dejarlos en libertad y regalarles dos ovejas como recompensa por lo que habían sufrido la noche anterior.

Por sus oraciones, el obispo Espiridión curaba a los enfermos y revelaba lo oculto. Cuando la isla de Chipre sufrió la sequía, las plegarias del Santo abrieron los cielos como Elías antiguamente.

Al final de una larga vida dirigida por el Espíritu Santo, san Espiridión murió el 12 de diciembre de 348, en Chipre a la edad de 78 años. En el siglo séptimo, fue llevado a Constantinopla para protegerlo de la invasión árabe. Cuando Constantinopla cayó en manos de los turcos, las reliquias de nuestro Santo fueron llevadas a Corfú (1456), donde hasta la fecha su cuerpo se conserva incorrupto, que es fuente de curaciones y milagros. Por sus intercesiones, Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos.

CULPABILIDAD Y SOBERBIA

Un día me visitó un psicólogo que criticaba al cristianismo porque, según su opinión, provoca un sentimiento de culpabilidad y de melancolía. Yo le contesté: “Estoy conciente de que algunos cristianos caen en la trampa de la culpabilidad por sus faltas o por las ajenas, pero tienes que admitir que la gente mundana cae en una enfermedad peor: ésta es la soberbia, pues el  sentimiento  negativo de culpabilidad se desvanece al acercarse a Cristo y con la práctica del Sacramento de la penitencia y confesión. Pero la soberbia de aquellos que viven lejos de Cristo es incurable.”

La impudicia de los que se sienten “justificados” y la cobardía de los que se sienten “culpables” no son sino dos caras de la misma moneda: la soberbia. El verdadero creyente se libera del sentimiento de la culpabilidad por la confesión y el perdón, y se alegra con la libertad que Cristo le ha otorgado.

(Un padre temporáneo)