Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe
Boletin Dominical
1
de Febreo de 2004
DOMINGO
DEL FARISEO Y EL PUBLICANO
de la soberbia reprobada del fariseo, huyamos; y la
humildad aprobada del publicano, aprendamos, para que, con él, subamos
exclamando a Dios: perdónanos, a tus siervos, oh Cristo salvador que por tu
voluntad naciste de la Virgen, soportaste la Cruz por nosotros, y contigo
elevaste al mundo por tu poder divino.
“Exapostelarion”
TROPARIOS
Descendiste de las alturas, oh Piadoso, y aceptaste el entierro de tres días para librarnos de los sufrimientos. Vida y Resurrección nuestra, oh Señor, gloria a ti.
Evitemos las palabras del fariseo soberbio; aprendamos la humildad del publicano, y exclamemos compungidos al Salvador: ¡Ten piedad, oh Único y Buen Reconciliador!
CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS
(8, 28-39)
Hermanos:
Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de
aquellos que han sido llamados según su designio. Pues a los que de antemano
conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que
fuera Él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos
también los llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; a los que
justificó, a ésos también glorificó.
Ante
esto ¿qué diremos? Sí Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? El
que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros,
¿cómo no nos dará con Él graciosamente todas las cosas? ¿Quién acusará a
los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿quién condenará? ¿Acaso
Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que está a la
diestra de Dios, y que intercede por nosotros?
¿Quién
nos separará del amor de Cristo? ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la
persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? Como
dice la Escritura: por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas
destinadas al matadero. Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que
nos amó.
Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principios ni lo presente no lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.
EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
(18, 10-14)
Dijo el Señor a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: “Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana y doy el diezmo de todas mis ganancias.’ En cambio el publicano manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’ Os digo que este bajó a su casa justificado y aquel no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.”
JUSTOS Y PECADORES
“¿Si aceptamos de Dios los bienes, por que no aceptar los males?” (Job 2, 10)
Esta afirmación que hace Job, podría parecer la actitud de alguien que lo ha perdido todo; conformista y derrotado. Sin embargo, es la muestra de amor y fe más profunda que un ser humano hace para su Dios y Creador. Muchas veces pensamos, ¿cómo es posible que Nuestro Dios permita tantas calamidades para aquellos que le son fieles?. (Gn 18, 25)
La Justicia y los pensamientos de Dios están fuera de nuestro alcance, y no por Voluntad Divina, sino por causa de nuestros propios actos (Job 11,7). Los Misterios de la Voluntad Divina, sus Obras Salvadoras, milagros y portentos están velados para nuestros ojos físicos, pero los del espíritu, los de nuestra alma, los perciben, los comprenden. Mas sin embargo, para poder ascender al plano de estos Divinos Designios, requiere el hombre de una entrega total y plena, y su voluntad inmersa en la Voluntad del que nos ha creado.
¡Cuántas maravillas ha reservado Dios para aquellos que viven según sus mandatos! ¡Qué actos tan grandes y llenos de amor ha hecho por nosotros y para nuestra salvación¡ Pero no solamente es la voluntad pasiva y expectante, sino la que mueve a las obras y actos en favor de la fe y la salvación. Y es de acuerdo a estos actos y obras, como Dios irá participándonos de sus dones, pero sobre todo, de la Salvación que nos ha sido prometida (Ez. 33,20).
El inicio de este tiempo cuaresmal es la oportunidad palpable y visible de la Gracia en nuestros hogares, en nuestras familias, en nuestra alma. Pero para muchos de nosotros, puede llegar a ser un tiempo árido, molesto y difícil; el seguir nuestros ayunos y abstinencias, como sacrificio y penitencia, visto desde lo obligatorio, no sirve de nada, por el contrario, pueden convertirse en instrumentos de perdición. Mal enfocados, nos mortifican y se transforman en portadores de desgracias. En cambio, la abstinencia como camino a la purificación del alma, el ayuno como símbolo de nuestra debilidad corporal y las postraciones como reconocimiento real de nuestra naturaleza pecadora e infiel, son el fin, son el verdadero y único sentido, son la Verdad liberadora. Son el símbolo de la Unidad, retorno y aceptación del Cristo que se ofrece por nuestra Salvación. (Rm.3,26)
Sin embargo, también aquellos que por el celo, son cegados por lo exterior y no lo interior, van más allá de lo que es requerido por la Tradición de la Iglesia; corren el riesgo de equivocar el sendero y perderse en la desesperación y la oscuridad del alma. La norma del ayuno y la penitencia imperan sobre la voluntad del hombre, más no la voluntad del hombre sobre estos signos de redención y purificación. La satisfacción de hacer una “buena Cuaresma” no es el reconocimiento de las personas que merodean, sino la Iluminación y el Auxilio de lo Alto. -“ Pués cuando soy débil, entonces soy fuerte” – (2ª Cor. 11,10)
LOS DOMINGOS PREPARATORIOS DE LA CUARESMA
La
Iglesia nos prepara para la cuaresma de la Santa Pascua durante cuatro domingos,
los anteriores al inicio de la misma, en los cuales nos plantea
virtudes y sentimientos muy importantes para la cuaresma que es, en sí,
la preparación adecuada para la Fiesta de las fiestas, para la base de toda
nuestra fe y en consecuencia de toda nuestra vida, es decir, la Resurrección de
nuestro Señor Jesucristo.
Estos
domingos preparatorios toman su nombre del Evangelio que se lee:
1- El Domingo del Fariseo y el Publicano (Lc.18,10-14): cuyo evangelio leímos hoy. Pues todas las buenas obras y ejercicios espirituales que el cristiano brinda en toda su vida, pero intensamente en la temporada cuaresmal, no son “la factura” de su justificación ante Dios, como lo pensó el fariseo de hoy, sino la reacción natural de quien con humildad inclina todo su ser ante Dios, como el publicano: : “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!”
2- El
Domingo del Hijo Pródigo (Lc.15, 11-32): que nos plantea a la Cuaresma como una
marcha de regreso hacia el Padre que nos espera siempre. “ábreme las puertas
del arrepentimiento,...”; el arrepentimiento no es contar algunos pecados o
desviaciones que he cometido sino confesar que he escogido ir “a un país
lejano” en lugar de vivir en la bella casa paternal; dicha confesión me
impulsará, como al pródigo de la parábola, a regresar a la belleza inicial
que me fue otorgada en el Bautizo.
3- El
Domingo del Juicio (Mt.25, 31-46): en el cual se lee el Evangelio del Juicio final que se basará en el
amor manifestado en las obras de cada uno “En verdad os digo
que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo
hicisteis.” Pues si las obras
en sí, como hemos visto en el Evangelio del fariseo y el publicano, no formaron
el criterio para la justificación, sí son una emanación abundante de una alma
que ama a Dios; si no, su piedad será falsa y digna de juicio “Si alguno
dice: ‘Amo a Dios’, y aborrece a su hermano, es un mentiroso”
(1Jn.4,20). La devoción que buscamos no es egoísta sino que busca ser
manifestada en el amor a los demás.
4- El Domingo del Perdón (Mt.6, 14-21): a partir del
cual se inicia la Cuaresma. Pues como podemos decir a Dios Padre: “perdona
nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” si, en
realidad no estamos dispuestos a perdonar a los demás. Así la Iglesia nos
estimula a que ofrezcamos nuestra ofrenda cuaresmal con un corazón limpio de
cualquier sentimiento rencoroso.