Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe

Boletin Dominical

4 de julio de 2004

 

5° DOMINGO DESPUÉS DE  

PENTECOSTÉS

 

Cristo, que es el camino y la vida, después de su Resurrección de entre los muertos, acompañó a Lucas y Cleofás, que lo reconocieron en Emaús al partir el pan, y cuyos corazones ardieron cuando  les habló en el  camino, explicándoles todo lo que está escrito sobre su sufrimiento. Exclamemos   con ellos: ¡En verdad, el Señor ha resucitado  y  se ha aparecido a Simón Pedro!

(Exapostelarion)

TROPARIOS

Tropario de Resurrección (Tono 4)

Las discípulas del Señor aprendieron del Ángel el alegre anuncio de la Resurrección, y la sentencia ancestral rechazaron y se dirigieron con orgullo a los apóstoles diciendo: ¡Fue aprisionada la muerte, Resucitó Cristo Dios y concedió al mundo la gran misericordia! (Escuche el tropario)

Kondakion (Tono 4)

Oh Protectora de los cristianos indesairable; Mediadora, ante el Creador, irrechazable: no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores, sino acude a auxiliarnos, como bondadosa, a los que te invocamos con fe.  Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica, oh Madre de Dios, que siempre proteges a los que te honran. (Escuche el Kondakion)

CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS

(10, 1-10)

Hermanos, el anhelo de mi corazón y mi oración a Dios en favor de Israel es que se salven. Testifico en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. Pues desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. Porque el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo creyente.

En efecto, Moisés escribe acerca de la justicia que nace de la ley: Quien la cumpla, vivirá por ella. Mas la justicia que viene de la fe dice así: No digas en tu corazón ¿quién subirá al cielo?, es decir: para hacer bajar a Cristo; o bien: ¿quién bajará al abismo?, es decir: para hacer  subir a Cristo de entre los muertos. Entonces, ¿qué

dice? Cerca de ti está la palabra: en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros proclamamos. Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es  Señor  y  crees  en  tu  corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. Pues con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

(8, 29- 9, 1)

En aquel tiempo: Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino.  Y se pusieron a gritar: “¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios?  ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?”  Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo.  Y le suplicaban los demonios: “Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos.”  Él les dijo: “Id.”  Saliendo ellos se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas.  Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también los de los endemoniados.  Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.

Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. 

LOS ENDEMONIADOS DE GADARENOS

“Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos”. ¿Por qué no son los endemoniados propiamente los que hablan, claman, tiemblan y ruegan, sino los demonios los que salen al encuentro del Señor? En primer lugar, muy probablemente porque aquellos pobres hombres eran gentiles que no conocían a Jesús, pues siendo gadarenos, esto es, de Gadara pertenecían al grupo de diez ciudades (Decápolis) cuyos gobiernos eran independientes y su población, en su gran, mayoría era no judía. Asimismo, esto último, explicaría también lo del gran hato de cerdos que pacían cerca, pues los judíos no sólo no los criaban sino que para ellos era contra la ley el comercio y las ganancia con estos animales ya que no los comían y los consideraban inmundos.

En segundo lugar, no podían ser los pobres hombres los que se dirigieran al Señor de Todos porque habían perdido totalmente el dominio sobre sí mismos y estaban a expensas del poder destructivos de aquellos. El diablo tiene como resolución la muerte de las criaturas, pero no destruye a sus víctimas de golpe sino poco a poco las extermina: las llena de odio e irracionalidad, las vuelve sordas para que aún con oídos no escuchen enseñanzas, les nubla la vista impidiéndoles  ver  y  reconocer,  les quita el habla para que no puedan pedir ayuda. Ciertamente, muchos son vencidos, pero no por la fuerza y el poder de los espíritus malignos, sino a causa de la debilidad, desidia, necedad y pereza de los hombres, es decir, por sus pecados y faltas, por su rebeldía, por andar siempre buscando hacer su voluntad.

Nos dice San Juan Crisóstomo: “¡Grandemente se esfuerza (el demonio) en que le echemos la culpa de nuestros pecados, para que, alimentados con esa esperanza, nos lancemos a toda clase de crímenes y aumentemos nuestro suplicio y no alcancemos perdón, por andar echándole la culpa...No lo hagamos. Conozcámonos a nosotros mismos; conozcamos nuestros pecados, de este modo podremos aplicarles los remedios!”

Estemos vigilante y atentos de nosotros mismos y nadie nos podrá hacer daño. Condenemos al pecado para que seamos justificados (Is. 43,26). No guardemos rencor y perdonemos las faltas que nos hayan cometido, para que el Señor nos perdone las transgresiones que contra Él cometemos (Mt.5,14). hagamos obras de justicia y de misericordia con los pobres (Dan.4,24) Fortalezcamos nuestra Fe en Cristo Jesús. “Tu crees que Dios es uno, bien haces. También los demonios creen y tiemblan.”(St.2,19).

"LO SANTO PARA LOS SANTOS"

El sacerdote, con mucha reverencia, eleva con ambas manos el cordero, que es el Cuerpo de Cristo, y exclama: “Lo Santo para los santos.” “Lo Santo”, Cristo, quien es la fuente de toda santidad, es ofrecido para “los santos” es decir, para los que tienen la santidad como el objeto de su vida: “seréis santos- dice el Señor- porque Santo soy yo.” (1Ped.1, 16)

San Pablo, en sus cartas, se dirigía hacia lo cristianos con dicho calificativo, p.e.“a todos los santos que están en Filipos...” (Fil. 1, 1) ya que la santidad era el nuevo sentido de su vida en Cristo. Pues la santidad no es sólo las buenas obras que hacemos, ya que estas son frutos de la vida en Cristo (como un botella de perfume que huele según lo que tiene); la santidad no es fruto adquirido por un esfuerzo humano nadamás, sino que principalmente es don de Dios. Por eso el pueblo contesta a la invitación del sacerdote con la confesión: “Un solo Santo, un solo Señor, Jesucristo...”, pues Él es el único Sol y nosotros, conforme a la pureza de nuestra vida, reflejamos la Luz de su Santidad.

“Lo Santo para los santos.”

De nuestra parte, ofrecemos todo el esfuerzo: arrepentimiento, reconciliación, amor y virtud y, al mismo tiempo, confesamos nuestras debilidades y así nos acercamos con temor, no como quien menosprecia los temibles Misterios, sino como enfermos que buscan al médico y la medicina: “Que mi participación no me sea causa de condenación sino santificación del cuerpo y del alma.”

AROMAS DEL JARDÍN DE LOS MONJES

 +Unos monjes visitaron al padre Pymen y le preguntaron sobre la insensibilidad y la dureza del corazón. Les contestó así: “El agua es muy fina, mientras la roca es dura por sí, pero si el agua se derrama, gota por gota, sobre una piedra la va a perforar. Así, la fina palabra de Dios actúa con nuestro duro corazón; pues el hombre, cuando escucha la palabra de Dios asiduamente, su corazón se abre al temor de Dios.”

+Un hermano preguntó al padre Pymen: ¿Qué es mejor, el silencio o el discurso? El anciano contestó: “El que platica sobre Dios hace bien, y el que se silencia por amor de Dios, igual lo hace.”

+Él también dijo: “Una persona que parece silenciosa pero su corazón condena a muchos; a ésta se la considera charlatán. En cambio, otra habla todo el día, pero siempre por beneficio; en verdad esta guarda el silencio.”

+ Dijo un anciano: “Prefiero a un hombre que pecó, pero reconoce su pecado y se arrepiente de él, que a otro que no pecó pero se considera a sí mismo como justo.”