Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe
Boletin Dominical
18
de julio de 2004
DOMINGO DE LOS SANTOS PADRES
DEL
4° COMCILIO
Oh Dios Misericordioso, hoy, festejando el recuerdo
de los Santos Padres, te pedimos que, por sus ruegos, salves a tu pueblo del
perjuicio de los herejes. Y haznos, a todos, dignos de glorificar al Padre, al
Hijo y al Espíritu Santo.
(Exapostolarion)
Los poderes celestiales aparecieron sobre tu sepulcro; y los guardias quedaron como muertos; María se plantó en el sepulcro buscando Tu Cuerpo Purísimo; sometiste al hades sin ser tentado por él; y encontraste a la Virgen otorgándole la vida. ¡Oh Resucitado de entre los muertos, Señor, gloria a Ti! (Escuche el Tropario)
¡Glorificado eres Tú oh Cristo Dios nuestro, que cimentaste a los santos padres en la tierra como astros, por los cuales nos dirigiste a la verdadera fe! ¡Misericordioso, gloria a ti!
Oh Protectora de los cristianos indesairable; Mediadora, ante el Creador, irrechazable: no desprecies las súplicas de nosotros los pecadores, sino acude a auxiliarnos como bondadosa que eres ya que te invocamos con fe. Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica, oh Theotokos, que siempre proteges a los que te honran. (Escuche el Kondakion)
CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A TITO
(3, 8-15)
Tito,
hijo mío: Es cierta esta afirmación, y quiero que en esto te mantengas firme,
para que los que
creen en Dios traten de
sobresalir en
la práctica de
las buenas obras. Esto es
bueno y provechoso para los hombres.
Evita
discusiones necias, genealogías, contiendas y disputas sobre la Ley, porque son
inútiles y vanas. Al sectario, después de una y otra amonestación, rehúyele;
ya sabes que ése está pervertido y peca, condenado por su propia sentencia.
Cuando
te envíe a Artemas o a Tíquico, date prisa
en venir donde mí a Nicópolis, porque he pensado pasar allí el
invierno. Cuida de proveer de todo lo
necesario para el viaje a Zenas, el perito en la Ley, y a Apolo, de modo que
nada les falte. Que aprendan también
los nuestros a sobresalir en la práctica de
las buenas obras, atendiendo a las necesidades urgentes, para que no sean
unos inútiles.
Te saludan todos los que están conmigo. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros.
EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
(5, 14-19)
Dijo el Señor a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
“No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pasa una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los cielos.
LUZ DEL MUNDO
Hoy nos dice el Señor: Vosotros sois la
luz del mundo. Antes, Vosotros sois la sal de la tierra. Bien se podría
preguntar uno: Vosotros ¿quiénes? En primer lugar los que iban con Él,
sus discípulos, a quienes hablaba directamente. Así mismo, todos los que se
reunían para escuchar su Palabra, todos los hombres que le seguían y creían
en su Nombre.
Ciertamente la luz ilumina a todos y es para
todos porque Dios no hace acepción de personas. Sin embargo, la luz es como la
Palabra, recibida por unos y rechazada por otros; como la simiente de aquel
sembrador que una cayó en tierra buena y creciendo dio fruto, y otra cayó a lo
largo del camino, vino el diablo y se la llevó. Porque “...la luz vino al
mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz” (Jn.8,12).
La luz del Señor es la misma para todos,
ilumina sobre buenos y malos, justos e injustos, sólo que, mientras es acogida
con alegría por un corazón arrepentido y limpio, es repudiada por otro corazón
oscurecido por el pecado.
El que da
la luz, nos abre los ojos, nos da luz para ver la Luz, para vernos a nosotros
mismos, para ver al prójimo. La luz ilumina nuestros corazones y nos permite
ver y conocer la verdad sobre la vida y la muerte, el bien y el mal: el pecado
es lo mismo que la muerte y la vida virtuosa es vida en Cristo. El proyecta su
luz sobre nuestra alma, sobre nuestra vida para que veamos
lo que está bien o mal en nosotros mismos y lo que está bien o mal en
lo que hacemos y obramos. Nos permite ver para que podamos obrar, actuar
correctamente.
Mientras más nos alejamos de la luz, más
nos acercamos a las tinieblas. San Ireneo dice: “La separación de Dios es la
muerte, la separación de la luz es la oscuridad... y no es la luz la que
ocasiona sobre ellos el castigo de la ceguera”.
Dios no cambia, permanece siempre igual. Él
es Amor, Bondad, Perdón. Nosotros somos los que cambiamos, los que nos dejamos
seducir por la brillantez superficial
de las cosas materiales; porque nos gusta complacer nuestros sentidos, ser egoístas,
vanidosos, codiciosos, orgullosos, pasionales arrogantes, perezosos y necios,
contrarios a Dios y al prójimo.
La luz nos da fuerza y claridad para
encontrar el camino de la Vida y volvernos a Él. Que “luzca vuestra luz ante
los hombre para que viendo vuestras obras, glorifiquen a vuestro Padre que esta
en los cielos.”
LOS CONCILIOS ECUMÉNICOS
La iglesia se expuso a
unas tentaciones interiores que se manifestó por las desviaciones de la fe, las
que se llaman herejías.
En
los libros del Nuevo Testamento, encontramos frecuentemente advertencias de los
apóstoles a los fieles para que eviten esta extraña enseñanza. “muchos
seductores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en
carne. Ese es el seductor y el Anticristo...” (3Jn: 7).
Por
este motivo siempre la Iglesia ha realizado concilios, locales o ecuménicos, a
los cuales asistieron los santos padres de todo el mundo cristiano para
determinar y formular la recta fe recibida de los apóstoles. Los concilios,
entonces, no han aumentado nuevos
dogmas o verdades, pues la plenitud de la verdad ya está en Cristo, sino
expresaron la fe en unas fórmulas dogmáticas guardándola de cualquier
interpretación ajena.
Los
dogmas formulados por la Iglesia en los concilios ecuménicos no son opiniones
individuales de los padres que estaban presentes en dichos concilios, sino la
experiencia de los santos, que obtienen por vivir una vida de oración y de
liturgia, experiencia que brota del Cáliz de la comunión.
A lo largo de primer milenio después de Cristo, se hicieron siete concilios cuyos resultados fueron adoptados, anunciados y enseñados por la Iglesia entera en el oriente y el occidente.
EL TRISAGIO
La palabra “Trisagio” viene del griego “Trij Agioj” que significa “tres veces Santo”. Es el himno con el cual, según la visión del Profeta Isaías, los ángeles cantan constantemente alabando a Dios “Santo Santo Santo” (Isaías 6,3).
San Juan Crisóstomo nota que, mientras en la Divina Liturgia cantamos este Himno Trisagio “formamos, con los ángeles un solo coro, participamos con los arcángeles, y alabamos junto con los serafines... piensa que con quién estás formando un solo coro, y eso será suficiente para conducirte hacia la abstinencia, ya que recordarás que, mientras te revistes con cuerpo, con carne, te haces digno de alabar, junto con los poderes celestiales, al Único Señor de todos.