Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe
Boletin Dominical
6
de junio de 2004
domingo
de todos los santos
“Coronemos
con cánticos, como deudores obligados, al precursor y bautista, a los apóstoles,
profetas y mártires; archisacerdotes, ascetas, ieromártires, mujeres amantes de Dios y a todos los justos junto con los
coros angélicos pidiendo que, por sus ruegos, alcancemos la gloria que han
obtenido, la gloria que brota de Cristo Salvador.
(Exapostolarion)
Descendiste de las alturas, oh Piadoso, y aceptaste el entierro de tres días para librarnos de los sufrimientos. Vida y Resurrección nuestra, oh Señor, gloria a ti. (escuche el tropario)
Oh Cristo Dios, tu Iglesia, adornada con la sangre de tus mártires en todo el mundo, como si fuera con fino lino y púrpura, por ellos, te ruega diciendo: envía tu piedad sobre tu pueblo, otorga al mundo la paz, y a nuestras almas la gran misericordia.
Oh Sembrador de la creación, el universo Te ofrece, como primicias de la naturaleza, a los Mártires, Portadores de Dios; por cuyas súplicas y las de la Madre de Dios, conserva a tu Iglesia en profunda paz, oh Señor Todo Misericordia.
CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS HEBREOS
(11, 33-40; 12, 1-2)
Hermanos:
Los Santos (del Antiguo Testamento), por la fe, sometieron reinos, hicieron
justicia, alcanzaron las promesas, cerraron la boca a los leones;
apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, curaron de sus
enfermedades, fueron valientes en la guerra,
rechazaron ejércitos extranjeros; las
mujeres recobraron resucitados a sus muertos.
Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una
resurrección mejor; otros soportaron burlas
y azotes, y hasta cadenas y prisiones; apedreados,
torturados, aserrados, muertos a espada; anduvieron errantes cubiertos de
pieles de ovejas y de cabras; faltos de todo; oprimidos y maltratados, ¡hombres
de los que no era digno el mundo!, errantes por
desiertos y montañas,
por cavernas y antros
de la
tierra. Y todos ellos, aunque alabados
por su fe,
no consiguieron
el objeto
de las promesas.
Dios tenía
ya dispuesto
algo mejor
para nosotros, de modo que no
llegaran ellos sin nosotros a la perfección.
Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús.
EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
(10:32, 33, 37, 38 ;19:27-30)
Dijo el Señor a sus discípulos: “Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
“El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí.”
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: “Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?” Jesús les dijo: “Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros.”
LA INTERCESIÓN DE LOS SANTOS
En
este día, el domingo siguiente al de Pentecostés, y en el que recordamos a
todos los coros de los santos sería conveniente recordar
por qué los veneramos y qué importancia tienen sus intercesiones.
La
veneración a los Santos:
Los
primeros venerados por los cristianos fueron los mártires. Su restos se
conservaban cuidadosamente como tesoros preciosos, no necesariamente por su
poder milagroso sino por que estos fieles de Cristo lucharon la buena batalla e
imitaron la muerte del Señor. Porque no son los mártires los que viven en
ellos mismos, sino que es Cristo quien vive en ellos (Gal. 2:20). Una ves libre
la iglesia de las persecuciones, se empezó a venerar al coro entero de los
Santos que aunque no habían derramado su sangre, día con día testimoniaban su
vida en el evangelio, en Cristo, aniquilando sus propios deseos y pasiones y
solo deseando hacer la voluntad de su Señor.
la
Intercesión de los Santos
El
concepto de la Iglesia sobre este punto está conectado con su comprensión de
la muerte. Los fieles, desde los primeros tiempos, han acostumbrado orar los
unos por los otros pidiendo la intercesión de los justos “la oración
ferviente del justo tiene mucho poder” (Santiago 5,16).
Si
la Iglesia nos enseña a pedir los ruegos de los justos vivos, cuanto más nos
alienta a pedir las intercesiones de aquellos que ya han sido coronados con la
victoria de la santidad. Pues, su muerte no ha sido más que un paso hacia la
Vida. En las catacumbas romanas de los primeros siglos cristianos se encuentran
testimonios como las siguientes oraciones: “Noria, seas bienaventurada y ruega
por nosotros” y “Pedro y Pablo, rueguen por Víctor”.
Con la irrupción de la Iglesia en el ámbito pagano, y la entrada masiva de gentiles a las filas del cristianismo, algunas veces, la veneración a los santos se exageró, llegando estos a tomar el lugar de los dioses paganos. Esta situación se tradujo en una distanciamiento entre la teología y adoración cristiana por un lado y por el otro las prácticas cultuales de algunos grupos. Mas la Iglesia siempre conservó la transparencia de los santos: son lunas que reflejan la luz del Sol verdadero. Y esto es lo que ha enseñado siempre: los santos nos guían a Cristo.
ARTÍCULO INTERESANTE
Este artículo fue tomado del periódico “EL UNIVERSAL” del Viernes 28 de mayo de 2004, y lo sacamos en el boletín por la importancia de advertir a nuestra feligresía del peligro y la falsedad de dichas sectas.
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