Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe

Boletin Dominical

13 de junio de 2004

 

2° domingo DESPUÉS de pentecostes

 

 

 

Cuando las Mirróforas vieron la piedra removida, se alegraron porque vieron a un joven sentado en el sepulcro que les dijo: Cristo resucitó; decid a los Apóstoles y a Pedro: Corran al monte de Galilea, allá donde se les aparecerá a vosotros, oh amados, tal como antes lo había dicho.

(Exapostolarion)

TROPARIOS

 

Tropario de Resurrección (Tono 1)

Cuando la piedra fue sellada por los judíos y tu purísimo cuerpo fue custodiado por los guardias, resucitaste al tercer día, oh Salvador, concediendo al mundo la vida. Por lo tanto, los poderes celestiales clamaron a Ti: Oh Dador de Vida Gloria a tu Resurrección, oh Cristo, gloria a tu Reino,  gloria a tu plan de salvación, oh Único, Amante de la humanidad. (escucha el tropario)

Kondakion (Tono 8)

Oh Protectora de los cristianos indesairable; Mediadora, ante el Creador, irrechazable: no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores, sino acude a auxiliarnos, como bondadosa, a los que te invocamos con fe.  Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica, oh Madre de Dios, que siempre proteges a los que te honran.

CARTA A LOS ROMANOS

(2, 10-16)

Hermanos: Gloria, honor y paz a todo el que obre el bien; al judío primeramente y también al griego; que  no hay acepción de  personas en Dios.

Pues cuantos sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y cuantos pecaron bajo la ley, por la ley  serán  juzgados; que no son justos delante de Dios los que oyen la ley, sino los que la cumplen: ésos serán justificados. En efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación  o alabanza... en el día en que Dios juzgará las acciones secretas de los hombres, según  mi Evangelio,  por Cristo Jesús.

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN

(4, 18-23)

En aquel tiempo: Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: “Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.”  Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.

Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y os llamó.  Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.

Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buen Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo.

PESCADORES QUE CONQUISTAN AL MUNDO

Por San Efrén el Sirio

Vinieron a Él como pescadores de peces y se volvieron de hombres: “Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.” Esto es lo que el Profeta Jeremías había predicho: “He aquí que envío a muchos pescadores y los pescarán.” (Jer.16, 16).

Si hubiese mandado a sabios, se habría dicho que dominaron a la muchedumbre con engaños; si a ricos, que extraviaron al pueblo y lo sometieron con sobornos; si a poderosos, que por la fuerza lo aterrorizaron y con violencia lo controlaron.

Pero los Apóstoles no fueron nada de eso. El Señor lo mostró con el ejemplo de Simón Pedro: actuación cobarde al ser atemorizado por la voz de una sirvienta (frente al juicio de Cristo); pobreza, pues no puede pagar el tributo de medio estater (Mt. 17, 27) al decir: “no tengo ni oro ni plata” (Hch. 3, 6); carencia de una esmerada educación ya que ni siquiera supo librarse con algún artificio al negar a nuestro Señor.

Estos pescadores salieron al mundo y vencieron a los fuertes, a los ricos y a los sabios. ¡Qué gran milagro! Tales débiles, sin violencia, atrajeron a los poderosos hacia su doctrina; pobres que enseñaron a los ricos; ignorantes que hicieron aprendices a los sabios del mundo. La sabiduría del mundo cedió su lugar a esta sabiduría que es la auténtica.

LAS VELAS Y NUESTRA ORACIÓN

Las velas encendidas en el templo y frente a los iconos son una tradición auténtica y una expresión sencilla y transparente de la devoción cristiana. Pero encender una vela, como los demás gestos litúrgicos, tiende a menudo a volverse un hábito que, haciéndolo  por costumbre u obligación, produce el descuido de lo que debe encenderse de virtudes y devociones en nuestro interior.

Tomando lo anterior en consideración, exponemos algunas frases de San Juan de Crontestad (un sacerdote ruso [1845-1920] que el pueblo ruso recuerda con gran fervor y que fue canonizado en 1992) a fin de animar nuestra conciencia:

«Las velas encendidas sobre el altar son el signo de la Luz de la Santísima Trinidad, pues Dios no mora sino en la Luz, y hacia Él, la oscuridad no se

cerca ya que es como fuego que devora todo pecado o maldad.

Una vela encendida ante el icono de Cristo lo anuncia como la Luz del mundo, que ilumina a todo hombre que viene a Él.

Una vela encendida ante el icono de la Virgen la anuncia como la Madre de la Luz.

Una vela encendida ante el icono de un Santo lo anuncia como candil adornado, y puesto como faro alto, ilumina a todos los que están en la casa. Encendemos las velas como símbolos del ardor de nuestro celo hacia su santidad y amor, como señales de veneración, como alabanza silenciosa y como agradecimiento por la intercesión que nos brindan ante el tribunal divino.

Cuando enciendo una vela, pido a Dios que me otorgue un corazón que arda con el fuego del santo celo y del amor puro, que queme los deseos y pecados que están dentro de mí.»

¿POR QUÉ EL INCIENSO

El incienso ofrecido indica la Presencia Divina: Dios está presente en la Iglesia, en los iconos, en los fieles y en todo el universo. Y cuando el sacerdote inciensa a cada uno de los presentes, inciensa la imagen de Dios en él; por eso, cuando se eleva ante nuestros ojos, nos inclinamos ofreciendo a Dios el templo de nuestro cuerpo para que sea su morada: “ven a habitar en nosotros.”

Y mientras el incienso es dirigido hacia cada uno a la vez, contiene a todos juntos: formamos la Iglesia, y nuestra oración común se eleva con el aroma delicado que llena la casa de Dios con dulzura y devoción.

SOBRE EL AMOR AL PRÓJIMO

sentencias de un padre contemporáneo

Cuando uno ora con dolor ante Dios por su prójimo, el Buen Dios manda su Gracia abundantemente.

Si te amas a ti mismo por encima de los demás, infórmate que todavía no vives el pensamiento de Cristo.

Suaviza tu duro corazón ante las almas heridas según puedas, para que sea sensible y humilde, así, pidiendo la misericordia de Dios, alcanzarás.

Dios auxilia cuando, haciendo tuyos los problemas del prójimo, pides su misericordia. En aquel momento, el justo Dios, al ver un cierto amor sincero, auxilia.

Cada vez que los hombres se alejan de la vida sencilla y natural, se les aumenta la humana inquietud. Y cada vez que la hipócrita cortesía se acrecienta, se pierden la sencillez, la alegría y la natural sonrisa humana.