Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe

Boletin Dominical

28 de noviembre de 2004

 

26°. Domingo DESPUÉS de pentecostés

 

 

“Brillemos en la virtud y, veamos a los dos hombres vestidos de luz resplandeciente dentro del sepulcro del Dador de Vida, los que se aparecieron a las Mirróforas que temerosas inclinaron sus rostros hacia la tierra, y comprendamos la Resurrección del Señor del cielo; acompañemos  a Pedro hacia el sepulcro y con el prodigio de lo sucedido, esperemos ver a Cristo Vida.”

(Exapostelario)


TROPARIOS

Tropario de Resurrección (Tono 1)

Cuando la piedra fue sellada por los judíos y tu purísimo cuerpo fue custodiado por los guardias, resucitaste al tercer día, oh Salvador, concediendo al mundo la vida. Por lo tanto, los poderes celestiales clamaron a Ti, oh Dador de Vida: Gloria a tu Resurrección, oh Cristo, gloria a tu Reino,  gloria a tu plan de salvación, oh único Amante de la humanidad. (Escuche el tropario)

Condaquio de Navidad (Tono 3)

Hoy la Virgen viene a dar a luz inefablemente, en humilde gruta, al sempiterno Verbo. Gózate, oh universo, al escucharlo; alaba, con las potestades y pastores, a Quien por voluntad se revela, al nuevo Niño, al eterno Dios.

CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS

(5, 8-19)

Hermanos: ...Vivid como hijos de la luz; pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad. Examinad qué es lo que agrada al Señor, y no  participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas. Cierto que ya sólo el mencionar las cosas que hacen ocultamente da vergüenza; pero, al ser denunciadas, se manifiestan a la luz.

Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por  eso se dice: Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo.

Así pues, mirad atentamente cómo vivís; que no sea como imprudentes, sino como prudentes; aprovechando bien el tiempo presente, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino comprended cuál es la voluntad  del  Señor. No os embriaguéis con vino, que es causa de libertinaje; libertinaje; llenaos más bien del Espíritu. Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor.  

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

(18, 18-27)

En aquel tiempo: Uno de los principales preguntó a Jesús: “Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?”  Le dijo Jesús: “¿Por qué me llamas bueno?  Nadie es bueno sino sólo Dios.  Ya sabes los mandamientos: No cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre”.  Él dijo: “Todo eso lo he guardado desde mi juventud.”  Oyendo esto Jesús, le dijo: “Aun te falta una cosa.  Todo cuanto tienes véndelo y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego, ven y sígueme.”  Al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico.

Viéndole Jesús, dijo: “¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!  Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.”  Los que lo oyeron, dijeron: “¿Y quién se podrá salvar?”  Respondió: “Lo imposible para los hombres, es posible para Dios.”

DESPRENDIMIENTO

El joven rico, de quien nos habla el evangelista San Lucas hoy, se acerca, en realidad, al Señor, con noble intención y hasta con no poco fervor; con ánimo de obedecer y dispuesto a ello: qué he de hacer para tener en herencia vida eterna. Mientras unos, lo fariseos, sólo interpelaban a Jesús para tentarle, y otros más, los necesitados, para pedir curación de sus propias dolencias o de las de sus parientes, este joven busca perfeccionarse, elevarse, desea fuertemente la vida eterna. Por eso, refiriéndose al cumplimiento de los mandatos que le indica el Señor, él responde: Todo eso lo he guardado ¿qué más me falta? (Mt.19,20). Indudablemente el terreno es propicio, sin embargo,  la semilla no puede fructificar por la abundancia de abrojos: “las preocupaciones del mundo,  la seducción de las riquezas y los placeres de la vida ahogan la Palabra –la semilla- y queda sin fruto”.

Cuando el Señor lo invita a vender cuanto tiene y a dárselo a los pobres, no está colocando la riqueza como obstáculo para que le siga, al contrario, quiere atraerlo, y  por ello le ofrece a cambio mucho más de lo que está pidiendo que deje: “tendrás un tesoro en los cielos” y la vida perfecta. No se rechaza la riqueza sino su uso indebido: se acumula para lo superfluo, para tener poder y vanagloriarse en vez de compartirse y ayudar a los necesitados. No se desprecia la abundancia de bienes en sí, sino los apetitos y pasiones desordenadas que genera, el apego y dependencia  a lo acumulado. Esta tiranía de la riqueza material sobre los que la poseen no es atribuible a un cierto poder oculto del dinero y las propiedades: es consecuencia, inevitable, de la debilidad de quienes, seducidos por la abundancia, la comodidad, el lujo y los placeres, se dejan dominar por tal riqueza. Es por ello que Jesús, fijando en él su mirada, le amó (Mc.10,21) y le mandó desprenderse de sus bienes, primeramente, con el fin de librarlo de esa esclavitud, para que, sin ataduras, deseara libremente, conocer y seguir al Señor y alcanzar entonces la vida eterna.

Conformémonos con lo necesario y rechacemos lo superfluo. Como todos los que se vuelven niños en Cristo, nos dice San Juan Clímaco, tomemos ejemplo de los que son niños en edad: en ellos no se encuentra perversidad ni disimulo, codicia desmedida ni vientre siempre insatisfecho, fuego de lujuria ni ardor salvaje. No nos dejemos dominar por las riquezas, el Señor nos dice cómo: librémonos de ataduras, acerquémonos a El y sigámosle. Por su gracia y amor a los hombres. Amén.

EL APÓSTOL ANDRÉS, EL PRIMER LLAMADO

(30 de Noviembre)

El Apóstol de Cristo, Andrés, era hermano de Pedro pero a diferencia de éste eligió permanecer en castidad, abandonó todo lo que le sujetaba al mundo y decidió unirse al Bautista como discípulo. Como nos narra el Evangelio, cuando Andrés estuvo toda una tarde con el Maestro quedó convencido que Jesús era el Mesías y se apresuró a su casa y dijo a su hermano Simón: “¡Hemos encontrado al Mesías!”, y luego lo condujo a Jesús. Siendo el primero en reconocer a Cristo y en anunciarlo a Pedro. Andrés siguió al Salvador por los pueblos y las villas, desiertos o montañas, de forma que pudo beber de las profundidades del río de agua viva de sus palabras.

Por la intervención de Andrés el Señor multiplicó los panes. Fue a Andrés que Felipe acudió cuando unos griegos le pidieron ver a Jesús. Recibió la plenitud de la Gracia del Espíritu Santo en Pentecostés y predicó el Evangelio alrededor del Mar Negro y en Grecia. Enfrentó peligros y tribulaciones sinnúmero, enfermedades, maltrato y toda clase de privaciones; pero el Espíritu Santo le acompañó siempre y habló por su boca, obró milagros y curaciones, y le dio paciencia y regocijo en sus pruebas. Este poder de Dios en él le permitió conducir a multitudes a la fe, a iluminar sus mentes por su prédica. Trajo almas a un segundo nacimiento a través del Santo Bautismo; ordenó sacerdotes y consagró obispos, construyó iglesias y organizó la alabanza a Dios dentro de ellas.

En Patras, Andrés sanó a la esposa del Procónsul de una enfermedad incurable y la atrajo a la fe al igual que a muchos habitantes del lugar. También convirtió al hermano del mismo procónsul  con lo que los logros del cristianismo en este territorio se hicieron muy grandes y provocaron el enfurecimiento del gobernante quién hizo arrestar al Apóstol. Días después el Santo fue sumariamente condenado a ser crucificado cabeza abajo. Luego de tranquilizar a los amigos que pedían su libertad, San Andrés bendijo por última vez y entregó su alma a Dios. 

En 357 las preciosas reliquias del Apóstol se llevaron de Patras a Constantinopla y colocadas junto con las de San Lucas y Tadeo en la Iglesia de los Santos Apóstoles.

Grabación de la Paráclesis:

Un profundo agradecimiento al Coro de la Catedral por el tiempo y esfuerzo dedicados en la grabación  del nuevo CD “Paráclesis: Súplicas a la Madre de Dios.” La Paráclesis a la Madre de Dios es muy cercana al corazón del pueblo ortodoxo; se suele cantar durante la vigilia de la Dormición de la Virgen (o fiesta de la Asunción para la tradición católica romana), del 1° al 15 de agosto; en los monasterios constantemente la celebran durante la semana y los fieles en sus apuros o tristezas, dificultades o alegrías, acostumbran cantarla individual o comunitariamente.

Exhortamos a los fieles a que lo obtengan con el fin de educar los sentidos en la dulzura de las sagradas melodías, y familiarizarse con este bello servicio que elevamos en veneración a la Virgen: “!Santísima Madre de Dios, sálvanos!”

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