Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe

Boletin Dominical

3 de octubre de 2004

 

domingo 16° DESPUÉS de PENTECOSTÉS

   

Cuando María dijo: “Se han llevado a mi Señor”, Simón Pedro y el otro discípulo, el amado del Señor, corrieron hacia el sepulcro y  encontraron las sábanas en un lado  y en otro el sudario que cubrió su cabeza, por eso se quedaron esperando hasta que verdaderamente vieron a Cristo.

(exapostelarion)


TROPARIOS

Tropario de  la Resurrección (Tono 1)

Cuando la piedra fue sellada por los judíos y tu purísimo cuerpo fue custodiado por los guardias, resucitaste al tercer día, oh Salvador, concediendo al mundo la vida. Por lo tanto, los poderes celestiales clamaron a Ti, oh Dador de Vida: Gloria a tu Resurrección, oh Cristo, gloria a tu Reino,  gloria a tu plan de salvación, oh único Amante de la humanidad. (Escuche el tropario)

Kondakion (Tono 4)

Oh Protectora de los cristianos indesairable; Mediadora, ante el Creador, irrechazable: no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores, sino acude a auxiliarnos, como bondadosa, a los que te invocamos con fe.  Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica, oh Madre de Dios, que siempre proteges a los que te honran.

SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS

(6, 1-10)

Hermanos: Como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Pues dice él: En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación. A nadie damos ocasión alguna de tropiezo, para que no se haga mofa del ministerio, antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios: con mucha constancia en tribulaciones, necesidades, angustias; en azotes, cárceles, sediciones; en fatigas, desvelos, ayunos; en pureza, ciencia, paciencia, bondad; en el Espíritu Santo, en caridad sincera, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; mediante las armas de la justicia: las de la derecha y las de la izquierda; en gloria e ignominia, en calumnia y en buena  fama;  tenidos  por impostores, siendo veraces; como desconocidos, aunque bien conocidos; como quienes están a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no condenados a muerte; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

(6, 31-36)

Dijo el Señor: “Lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente.  Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?  Pues también los pecadores aman a los que les aman.  Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis?  ¡También los pecadores hacen otro tanto!  Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis?  También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente.  Mas bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.

“Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo.”

LA LEY DE ORO

“Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente.”

Este mandamiento llamado la “Ley de oro de la vida cristiana” nos presenta el resumen de la moralidad cristiana.

En las leyes sociales, quizás escuchemos la misma ley, mas con su rostro negativo: “todo lo que no te guste que la gente te haga, no lo hagas con los demás.” Este rostro negativo nos dibuja nítidamente la frontera entre el hombre (yo) y el prójimo (el otro): pues, las maldades que no queramos de los demás, no las hagamos; y mi libertad termina, donde comienza la libertad del otro. Sobre este principio se organizan todas las ciencias sociales contemporáneas. Es el principio que controla y regula la convivencia sin problemas.

Del otro lado, la ley, como la manda cristo: “lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente”, no pinta líneas de separación, sino descubre los puntos comunes de conexión. En la perspectiva cristiana: la vida en sociedad no es vida individual basada sólo en el respeto al otro, sino vida basada en el amor al otro. Entonces, mi libertad no nadamás termina donde comienza la del otro, sino también comienza voluntariamente donde comienzan el descanso y el interés del otro. Se requiere no sólo convivencia en el respeto, sino relación viva en el amor. El amor no tiene límites para convivir, sino aprovecha toda oportunidad para tomar la iniciativa sin esperar; dar sin buscar nada a cambio. Porque cuando uno quiere autorealizarse no es por apartarse de los demás, protegiéndose, buscando salvar su vida, sino por darla por los otros. Pues, dar es mucho más delicioso que recibir.

El amor que esperamos de los otros démoslo primero.

 

SAN DIONISIO EL AREOPAGITA

(3 de octubre)

Este santo es el que se menciona en Los Hechos de los Apóstoles junto con Damarás su esposa. Se convirtió a la Fe en nuestro Señor Jesucristo por las manos del Apóstol Pablo durante su visita a Atenas. Dionisio era uno de los consejeros de la suprema corte de justicia, llamada comité de Areópago y conocedor de la filosofía griega. Se dice que en el día de la crucifixión del Señor en Jerusalén, Dionisio vio un eclipse solar que rompía las reglas de la astronomía reconocida en aquel entonces, luego dijo: “O  Dios está dolorido o es que ha llegado el fin del mundo.”

Cuando San Pablo pasó por este centro cultural de Atenas, el Areópago, dijo su famosa homilía: “Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la Divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabado esta inscripción: ‘Al Dios desconocido.’ Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar...” (Hch. 17, 22-31) y les predicó al Dios verdadero, aunque muchos empezaron a burlarse de Pablo y de su prédica, otros pocos se adhirieron a él y creyeron; entre ellos estaba Dionisio.

La Tradición nos dice que Dionisio fue el primer obispo de Atenas. También se menciona de él que en la Dormición de la Santísima Madre de Dios, se presentó en el Espíritu Santo. Vivió noventa años y fue decapitado durante la persecución del Emperador Domiciano (96 d.C.). Su cráneo está guardado en el monasterio Búlgaro Doquiario en el monte Atos.

Desde el siglo V se divulgaron unos escritos místicos que tuvieron cierta importancia en la Iglesia con el nombre de “Dionisio el Areopagita”, pero hoy los exigentes afirman que estos escritos pueden no haber sido obra de San Dionisio sino que, lo más probable,  fueron escritos por un desconocido de las tierras sirias en las últimas décadas del siglo V, por lo cual hoy estos escritos se conocen con el título de “Escritos apócrifos de Dionisio el Areopagita.”

Mientras nuestra Iglesia ortodoxa recuerda a San Dionisio el día 3 de octubre, la Iglesia Latina lo celebra el 9 del mismo mes. Sus intercesiones sean con nosotros. Amén.

DICHOS DE LOS SANTOS PADRES

La vida y la muerte dependen del prójimo. Porque si ganamos a nuestro prójimo, ganamos a Dios y si lo escandalizamos, pecamos contra Cristo.

Nadie puede entrar en el reino de los cielos sin tentaciones, como alguien dice: “Quita las tentaciones y nadie se salvará.” Y yo, al ver las trampas del enemigo extendidas en la tierra, dije con gemido: “¿Dios mío, quién se salvará?” Una voz me contestó: “La humildad.”

(San Antonio el Grande)

¿La belleza del espíritu, qué es? ¿Acaso no es castidad, amor, amabilidad, obediencia a Dios y contrición del corazón? Esta belleza no surge de la naturaleza sino que es un carácter adquirido, así que quien lo busca, lo logrará pero, a la vez, aún adquirido, se lo puede perder debido a la negligencia.

Muchos cristianos  presumen por que poseen una Biblia en su casa, pero pocos lo hacen por conocer su contenido. ¿Qué provecho será tener una Biblia si no se hace de ella el libro del corazón? Las santas Escrituras no  nos fueron dadas para guardar en libreros sino para esculpirlas en las tablas del corazón.

(San Juan Crisóstomo)