Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe
Boletin Dominical
17
de octubre de 2004
domingo
de los padres del 7° concilio
“Oh Padres de voluntad celeste reunidos en el Séptimo
concilio, eleven continuos ruegos ante la Trinidad para que libere a los que
alaban su reunión divina, de cada herejía y del eterno juicio, y que se les
otorgue el Reino de los Cielos.”
(exapostolarion)
Que se alegren los celestiales, y que se regocijen los terrenales, porque el Señor desplegó la fuerza de su brazo, pisoteando la muerte con su muerte; y siendo el primogénito de entre los muertos, nos salvó de las entrañas del Hades y concedió al mundo la gran misericordia. (Escuche el Tropario)
¡Glorificado eres Tú oh Cristo Dios nuestro, que cimentaste a los santo padres en la tierra como astros, por los cuales nos dirigiste a la verdadera fe! ¡oh Misericordioso, gloria a ti!
Oh Protectora de los cristianos indesairable; Mediadora, ante el Creador, irrechazable: no desprecies las súplicas de nosotros los pecadores, sino acude a auxiliarnos como bondadosa que eres ya que te invocamos con fe. Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica, oh Theotokos, que siempre proteges a los que te honran.
CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A TITO
(3, 8-15)
Tito,
hijo mío: Es cierta esta afirmación, y quiero que en esto te mantengas firme,
para que los que
creen en Dios traten de
sobresalir en
la práctica de
las buenas obras. Esto es
bueno y provechoso para los hombres.
Evita
discusiones necias, genealogías, contiendas y disputas sobre la Ley, porque son
inútiles y vanas. Al sectario, después de una y otra amonestación, rehúyele;
ya sabes que ése está pervertido y peca, condenado por su propia sentencia.
Cuando
te envíe a Artemas o a Tíquico, date prisa
en venir donde mí a Nicópolis, porque he pensado pasar allí el
invierno. Cuida de proveer de todo lo
necesario para el viaje a Zenas, el perito en la Ley, y a Apolo, de modo que
nada les falte. Que aprendan también
los nuestros a sobresalir en la práctica de
las buenas obras, atendiendo a las necesidades urgentes, para que no sean
unos inútiles.
Te saludan todos los que están conmigo. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros.
EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
(8, 5-15)
Dijo el señor esta parábola: “Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron, otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad, otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado.” Dicho esto, exclamó. “El que tenga oídos para oír, que oiga.”
Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y él dijo. “A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que: viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.
“La parábola del sembrador quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído, después viene el diablo y se lleva de su corazón la palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; crecen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.”
LOS PADRES DEL SÉPTIMO CONCILIO
La ley del Antiguo Testamento prohibía las imágenes, pues atentaban contra el culto de un Dios único y espiritual. “No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas… No te postrarás ante ellas ni les darás culto” (Ex. 20, 4-5). Esta prohibición la explica y justifica Moisés en donde hace referencia a la Teofanía del monte Horeb en la que el Señor se dejó oír pero no se dejó ver: “Tened mucho cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en que el Señor os habló en el Horeb… no vayáis a pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación: figura masculina o femenina…, de las bestias de la tierra…, de las aves…, de los reptiles…, de los peces. Cuando levantes tus ojos al cielo, cuando veas el sol, la luna, las estrellas…, no vayáis a dejarte seducir y te postres ante ellos para darle culto” (Dt. 4, 15).
En efecto, como consecuencia de nuestra inclinación a la iniquidad y a la perversión, fácilmente nos dejamos seducir por el brillo, las fuerzas, atributos y cualidades de los hombres y de las cosas y, en nuestra ignorancia, les atribuimos poderes propios y les damos culto. Sustituimos a Dios Verdadero por dioses imaginarios, al Único por muchos, al Vivo por cosas muertas, al Creador por las criaturas, al que es Espíritu por lo que es material. Con el mandamiento divino se busca prevenir y evitar que el hombre caiga en la idolatría y se aleje de Dios, y no suprimir radicalmente toda representación o imagen. Cuando son esculpidos los querubines sobre el Arca de la Alianza, que son una forma de
representación material del mundo celestial, angélico, Dios mismo es quien ordena este icono (Ex. 25, 18). El mejor icono de Dios es el hombre. Desde el principio Dios lo crea conforme a su imagen (Gn. 1). Este es el fundamento bíblico del icono. Así la afirmación de la iconoclasia de que “el arte de las imágenes no tiene fundamento en la economía de la salvación”, es por demás erróneo.
Por otra parte, Dios en su infinita misericordia y por su propia voluntad, se hizo visible al asumir una existencia material, para nuestra salvación. En tiempos pasados, nos dice San Juan Damasceno, Dios que no tenía cuerpo ni forma, no podía ser representado. Pero hoy, como Dios se ha manifestado en la carne y ha vivido entre los hombres, yo puedo representar el aspecto visible de Dios. No es que yo dé culto a la materia, continúa el santo, sino que doy culto al Creador de la materia, que se hizo materia por causa mía, que asumió una vida en la carne y que, a través de la materia, realizó mi salvación.
Para los iconoclastas, en su lucha contra la veneración de iconos, la imagen es considerada como idéntica o “consubstancial” con el prototipo. Pero la imagen no contiene la realidad representada. San Juan dice que una imagen es siempre la copia de un original, semejante a éste pero necesariamente distinta. Esta distinción sobre la naturaleza de la imagen fue la base de la decisiva definición del culto a los iconos adoptada por los Padres del Séptimo Concilio Ecuménico, segundo de Nicea, en el año 787. El icono puede ser sólo objeto de veneración y de honor pero no de culto propiamente. Los Padres conciliares afirmaron: “Cuanto más contempla el fiel los iconos, tanto más se acuerda del que está representado y se esfuerza por imitarlo. Testimonia respeto y veneración (proskynésis), sin ninguna adoración (latría) propiamente dicha, que se debe a Dios solo.
DICHOS DE LOS SANTOS PADRES SOBRE LOS ICONOS
Patriarca Nicéforo: “El icono viene a ayudar a la razón, cuando ésta no puede captar nada por medio de la palabra”.
San Juan Damasceno: “Por medio de mis ojos carnales que contemplan al icono, mi vida espiritual se sumerge en el misterio de la Encarnación”.
Teodoro el Estudista: “Incluso el perfecto necesita de la imagen como necesita el libro para el Evangelio”.
Padres del Séptimo Concilio: “Ya por la contemplación de la Escritura, ya por la representación del icono…, nos acordamos de todos los prototipos y somos introducidos en su presencia cerca de ellos”.
Concilio de 860: “Lo que el libro nos dice por la palabra, nos lo anuncia el icono por el color y nos lo hace presente”.
San Juan Damasceno: “Cuando mis pensamientos me torturan y me impiden saborear la lectura, voy a la iglesia… Mi vista queda cautivada y lleva mi alma a alabar a Dios. Considero la valentía del mártir…, su ardor me inflama…, me postro por tierra para adorar y rezar a Dios por la intercesión del mártir”.