Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe

Boletin Dominical

24 de octubre de 2004

 

19° Domingo después de pentecostés 

 

 

Los hijos de Zebedeo, Pedro, Natanael, Tomás y otros dos, pescaban en el lago de Tiberiades; y cuando, arrojaron sus redes al lado derecho, según el orden de Cristo, juntaron muchos peces. Y cuando Pedro reconoció a Cristo, se acercó a él nadando. Esta fue la tercera aparición del Señor cuando les mostró pan y pescado sobre las brasas.

 (exapostelarion)

TROPARIOS

Tropario de  la Resurrección (Tono 4)

Las discípulas del Señor aprendieron del Ángel el alegre anuncio de la Resurrección, la sentencia ancestral rechazaron y se dirigieron con orgullo a los apóstoles diciendo: ¡Fue aprisionada la muerte, resucitó Cristo Dios y concedió al mundo la gran misericordia! (Escuche el tropario)

Kondakion (Tono 4)

Oh Protectora de los cristianos indesairable; Mediadora, ante el Creador, irrechazable: no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores, sino acude a auxiliarnos, como bondadosa, a los que te invocamos con fe.  Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica, oh Madre de Dios, que siempre proteges a los que te honran.

SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS

(11, 31- 12, 9)

Hermanos: El Dios y Padre del Señor Jesús, ¡bendito sea por todos los siglos!, sabe que no miento. En Damasco, el etnarca del rey Aretas tenía puesta  guardia en la ciudad de los damascenos con el fin de   prenderme. Por  una ventana y en una espuerta fui descolgado muro abajo.  Así escapé de sus manos.

¿Que hay que gloriarse? -aunque no trae ninguna utilidad-; pues   vendré   a  las visiones y revelaciones del Señor. Sé  de un hombre en Cristo, el cual hace  catorce años  -si en el cuerpo o fuera del cuerpo no  lo  sé,  Dios lo sabe- fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este hombre - en  el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables  que  el hombre no puede pronunciar. De ese tal me gloriaré; pero en cuanto  a  mí,  sólo  me   gloriaré  en mis flaquezas. Si pretendiera gloriarme no haría el fatuo, diría  la  verdad. Pero  me abstengo de ello. No sea que alguien se forme de mí una idea superior a lo que en mí ve u oye de mí.

Y por eso, para que no me engría  con la  sublimidad de esas revelaciones, fue dado un  aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me  engría. Por  este motivo tres veces rogué  al  Señor que se alejase de mí. Pero él me dijo:  "Mi gracia te basta, que mi fuerza se  muestra perfecta en la flaqueza." Por tanto, con  sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para  que  habite en mí la fuerza de Cristo.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

(8, 27-39)

En aquel tiempo: Arribaron a la región de los gerasenos, que está frente a Galilea.  Al saltar a tierra, vino de la ciudad a su encuentro un hombre, poseído por los demonios, y que hacía mucho tiempo que no llevaba vestido, ni moraba en una casa, sino en los sepulcros.  Al ver a Jesús, cayó ante él, gritando con gran voz: “¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo?  Te suplico que no me atormentes.”  Es que él había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre; pues en muchas ocasiones se apoderaba de él; le sujetaban con cadenas y grillos para custodiarle, pero rompiendo las ligaduras era empujado por el demonio al desierto.  Jesús le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”  Él contestó: “Legión”; porque habían entrado en él muchos demonios.  Y le suplicaban que no les mandara irse al abismo.

Había allí una gran piara de puercos que pacían en el monte; y le suplicaron que les permitiera entrar en ellos; y se lo permitió.  Salieron los demonios de aquel hombre y entraron en los puercos, y la piara se arrojó al lago de lo alto del precipicio, y se ahogó.  Viendo los porqueros lo que había pasado, huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas.  Salieron, pues, a ver lo que había ocurrido y, llegando donde Jesús, encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio, a los pies de Jesús; y se llenaron de temor.  Los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.  Entonces toda la gente del país de los gerasenos le rogaron que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de gran temor.  Él, subiendo a la barca, regresó.  El hombre de quien  habían salido los demonios, le pedía estar con él, pero le despidió, diciendo: “Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho contigo.”  Y fue por toda la ciudad proclamando todo lo que Jesús había hecho con él.

EL PENSAMIENTO DE CRISTO

“un hombre, poseído por los demonios, y que hacía mucho tiempo que no llevaba vestido, ni moraba en una casa, sino en los sepulcros.” Si quisiéramos describirlo con frases contemporáneas, diríamos que este hombre era incapaz de armonizarse con la sociedad. Pues no vive entre los hombres “no moraba en una casa, sino en los sepulcros.” El Evangelista San Marcos nos cuenta también que “andaba por los montes dando gritos e hiriéndose con piedras” (Mc.5, 5), Como si quisiera tomar una posición positiva pero no pudiera controlarse. Así se ve la creación de Dios, la que  “estaba muy bien” (Gen. 1,31), después de ser presa de Satanás.

Cristo permitió que los demonios entraran en los cerdos no porque fuera incapaz de echarlos de otra manera, sino para que, visiblemente, comprendamos el invisible poder del odio del demonio; odio que Dios no le permite ejecutar más allá de la capacidad del hombre. Pues, siendo esta presencia tan odiosa y tan dañina que puede hacer que miles de cerdos se arrojen en el mar, no puede, sin embargo, dañar al endemoniado más allá de su propia fuerza.

Cristo, también, asegura la dignidad  del hombre,  que merece todo sacrificio para su salvación. Aunque toda la creación es “muy buena” a los ojos de Dios, el hombre es la criatura amada  que  hizo con sus propias manos (figura de  cariño  especial) e “insufló en sus narices aliento de vida” que es el alma inmortal digna de todo sacrificio material.

Frente a dicha sabiduría celestial, nos encontramos con la preocupación terrenal del hombre natural; pues la gente, al haber sido informada: “Los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado”, en lugar de postrarse ante sus pies, “le rogaron - a Jesús - que se alejara de ellos”. La alegría de encontrar al endemoniado “sentado, vestido y en su sano juicio” se ahogó con la tristeza del apego a los cerdos y a la tierra. Pues si el demonio moraba visiblemente en esta persona, no obstante,  dominaba también la mente y el interés de aquella muchedumbre; y si ellos le pidieron a Cristo que se alejara, el desendemoniado “se sentó a los pies de Jesús.”

Nuestra vocación, como cristianos, es la ascensión de nuestro hombre natural hacia el espiritual, es decir, obtener el Espíritu de Cristo, el pensamiento de Cristo. Hay que retirarse de la muchedumbre que demanda a Dios por los cerdos, sentarse con el liberado a los pies de Cristo, y seguirle al barco de la salvación desde el cual Él nos manda  proclamar “todo lo que Jesús ha hecho con nosotros.”

DEVOCIÓN ANTE DIOS

Uno de los Padres contemporáneos de nuestra Iglesia Ortodoxa, el padre Paisos, observaba que “si en el Occidente se habla mucho de ‘la adoración a Dios’, nosotros preferimos buscar devoción ante Él.”

Es obvio que el padre no lo dice para menospreciar la ‘adoración’ sino para aclarar que no es otra cosa sino pararse en la Presencia de Dios. Esta sensibilidad (devoción) hacia su Presencia hizo que los padres del desierto, frecuentemente, aconsejaran a sus aprendices que “no hablen cuando no sea necesario... cuando se rían, no carcajeen... examinen sus palabras antes de sacarlas...etc.” la misma devoción también es la que hace a los monjes gozar estando tanto tiempo parados en la Iglesia sin quejas o gestos de molestia (cabe mencionar aquí que en las iglesias eslavas no hay sillas).

Pero dicha devoción necesita de su “gasolina” para que la llama siga ardiendo, mientras nosotros, en ciertas ocasiones, la extinguimos con nuestro liberalismo y ligereza, y con pretextos falsos y mal usados de que “yo amo a Dios y no le temo...” o de que “somos los sencillos ante Dios”,  en cuanto, en realidad, no somos ni sencillos ni concientes de estar ante Él.

Antes que nada, que Dios nos libre de juzgar a cualquier hermano en Cristo o de provocar tales pensamientos entre los fieles. Pero considerando la importancia de esta autocrítica (cada uno a sí mismo), nos atrevamos a enfatizar, una y otra vez, esta “devoción” que debe regir toda nuestra vida pero con mucho más razón nuestra convivencia en este santo templo donde toda la Iglesia está reunida alrededor del santo Cáliz. Y aunque lo importante es lo que está en el corazón, nuestra participación física adecuada nos enciende la piedad y la contrición y evita escandalizar a nuestros hermanos.

El mismo padre Paisos continúa diciendo: “una cosa es la sencillez y otra es la mala familiaridad. La primera lleva en sí devoción y algo de niñez mientras la segunda contiene un atrevimiento impúdico... Dentro del temor hay respeto y dentro del respeto hay amor.”

“Inclinemos nuestras cabezas ante el Señor.”

 

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