Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe
Boletin Dominical
31
de octubre de 2004
20°
Domingo DESPUÉS de pentecostés
Cuando el Señor preguntó a Pedro por tres veces:
“¿Me amas?, lo constituyó pastor de sus ovejas; y éste, al ver al otro
discípulo que amaba Cristo,
siguiéndole, preguntó al Señor, diciendo: Y ¿Qué de éste? Y le contestó
: Si yo quiero que éste esté hasta mi llegada, ¿qué a té, querido Pedro?
(Exapostelario)
Al coeterno Verbo, con el Padre y el Espíritu, al Nacido de la Virgen para nuestra salvación, alabemos, oh fieles, y prosternémonos. Porque se complació en ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz y soportar la muerte, y levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa. (Escuche el tropario)
Oh Protectora de los cristianos indesairable; Mediadora, ante el Creador, irrechazable: no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores, sino acude a auxiliarnos, como bondadosa, a los que te invocamos con fe. Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica, oh Madre de Dios, que siempre proteges a los que te honran.
CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS
(1, 11-19)
Hermanos:
Os hago saber que el Evangelio
anunciado por mí, no es de orden humano, pues yo no lo recibí
ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Pues ya
estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán
encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba, y cómo
sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles
en el celo por las tradiciones de mis padres.
Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco. Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía. Y no vi a ningún otro apóstol, y sí a Santiago, el hermano del Señor.
EVANGÉLIO SEGÚN SAN LUCAS
(16, 19-31)
Dijo el Señor: “Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado.
“Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males, ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.’
“Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.’ Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.’ Él dijo: ‘no, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.’ Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’.”
EL USO DE LAS RIQUEZAS
Abundan en el Evangelio las referencias y parábolas, con las cuales Cristo nos exhorta a hacer buen uso de las riquezas, Cristo nos enseña a dar siempre prioridad a todas las cosas del alma y del espíritu sobre los bienes materiales, pues nos dice claramente “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y los demás se os dará por añadidura” (Mt. 6,33). El hombre, por naturaleza y, en su instinto primitivo acumula y tiene amor por los bienes materiales. Es por eso que el hijo de Dios en su infinita sabiduría nos dice que no hagamos tesoros en la tierra, sino que acumulemos tesoros en los cielos porque, “Donde está tu tesoro allí estará tu corazón” (Mt. 6,19-21).
Existen hombres que aun siendo pobres anhelan las riquezas con afán desmedido, éstos tienen su corazón puesto en las riquezas del mundo, y efectuarán las más atroces acciones con el fin de poseer los bienes materiales. Y existen hombres que siendo dueños de inmensas fortunas no tienen apego a ellas, son como el santo Job de quien nos habla la Escritura, estos hombres dan gracias a Dios por los bienes recibidos, y si los pierden, también dan gloria a Dios. Estos hombres que siendo ricos y no aman las riquezas, son los pobres de espíritu de quienes nos habla Cristo. (Mt. 5,3).
No se piense que el rico por el hecho de ser rico se pierde, ni que el pobre por el hecho de se pobre se salva. Se salvan aquellos que siendo ricos o pobres tienen su corazón consagrado a Dios, y hacen la voluntad del Creador; y se pierden los que siendo pobres o ricos se alejan de Dios y tienen su mente y corazón puestos en los bienes materiales. De esta clase de hombres Cristo dijo que “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de los cielos” (Mt. 19,24). Estas almas no pueden entrar al reino de los cielos, no porque sean rechazadas, sino porque ellas se alejan buscando y amando más a las riquezas que a Dios.
Cristo nos dio ejemplo de suma pobreza; lo atestiguan los hechos desde su nacimiento hasta su crucifixión, y sin embargo no rechazó el que una mujer le ungiera con un perfume de nardo de mucho valor, (Mt. 26,7). Y en la última cena Cristo envió a preparar la pascua en una sala grande, alfombrada y bien aderezada. (Mc. 14,15 Lc. 22,12) Un hombre rico, José de Arimatea, donó un sepulcro nuevo para su sepultura. Estos acontecimientos nos enseñan que las riquezas no son para atesorarse como lo hacen los avaros, sino que su buen uso es para el servicio de Dios y de los hombres. Los bienes de la Tierra son para el servicio del hombre, no el hombre para las riquezas.
El rico de la historia leída hoy en el Evangelio, ignoraba el significado de la palabra misericordia, vivía consumiendo su vida en vanidades. Después de su muerte quiso arrepentirse pero era demasiado tarde, pues está escrito “En el lugar que cayere el árbol, allí quedará” (Ec.11,3). Hasta el último momento de nuestra vida Dios nos da la oportunidad de arrepentimiento, ordenemos pues, nuestras vidas entre tanto vivimos, porque después de la muerte es demasiado tarde.
!CANTARÉ AL SEÑOR MIENTRAS VIVA!
“Nada eleva tanto al alma y le da alas, y la libera tanto de la tierra como de sus cadenas del cuerpo, lo hace anhelar la inteligencia y la alivia de las preocupaciones de esta vida, como la melodía y el ritmo que poseen el canto sagrada”, nos dice San Juan Crisóstomo.
El
canto es uno de las herramientas con las cuales “elevamos nuestros
corazones” y “los tenemos con el Señor.”
Y si bien el conocimiento de las reglas musicales y la dulzura de voz
enriquecen el culto, lo que más atrae la Gracia de Dios es el corazón puro de
los que cantamos, el casto pensamiento y la limpia conciencia.
La
Iglesia Ortodoxa ha conservado las recomendaciones de los Concilios ecuménicos
en las cuales se insiste que la música es vocal. Cantando, los fieles adornan
sus palabras con el atavío de la melodía; en cambio, un instrumento ofrece un
vestido que carece de novia, tal vestido sirve para exhibirlo y no para ofrecer
devoción y culto ante Dios. Con nuestra voz glorificamos al Creador, mientras
los sonidos instrumentales glorifican a su propio creador, el hombre.
¿Quién canta en el templo? en los manuscritos que la historia antigua de la Iglesia nos ha dejado, no encontramos el término “coro” sino “pueblo”, a tal grado que el culto ofrecido pareciera un diálogo entre oraciones del presbítero (sacerdote) y afirmaciones del pueblo. El objeto de decirlo no es reducir la importancia del coro -cuyos integrantes son los miembros de la Iglesia que tratan de devolver duplicado este don al Dador de cada don-, sino al contrario: se pretende, primero, reanimarlos a no menospreciar este servicio que complace a Dios siendo ofrecido con mente despierta y corazón contrito; y segundo, para exhortar a toda la feligresía a que participe en todo lo que se pueda, con el objeto de activar su participación en la glorificación “con una sola boca y un solo corazón” a Quién le pertenece todo honor y adoración por los siglos de los siglos.