Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe
Boletin Dominical
5
de septiembre de 2004
14° domingo DESPUÉS de pentecostés
Oh María, la Doncella que dio a luz a Dios, la Novia que no conoció varón; Hoy, en Tu Natividad, los confines de la tierra se regocijan. Porque en ella resolviste la pena dolorosa de la esterilidad de tus padres; Y con el parto, anulaste la maldición de Eva, nuestra primera madre.
(Exapostelarion
de la Nativida de la Virgen)
Al coeterno Verbo, con el Padre y el Espíritu, al Nacido de la Virgen para nuestra salvación, alabemos, oh fieles, y prosternémonos. Porque se complació en ser elevado en el cuerpo sobre la Cruz y soportar la muerte, y levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa. (Escuche el tropario)
Joaquín y Ana fueron librados de los reproches de la esterilidad, y Adán y Eva, de la corrupción de la muerte, por tu santo nacimiento, oh Purísima. Por eso tu pueblo celebra este acontecimiento, pues por él ha sido rescatado de la culpa de sus transgresiones, exclamando: La estéril da a luz a la Madre de Dios, la alimentadora de nuestra vida.
SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS
(1, 21- 2, 4)
Hermanos:
Es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió,
y el que nos marcó con su sello y
nos dio en erras el Espíritu en
nuestros corazones.
¡Por
mi vida!, testigo me es Dios de que, si todavía no he ido a Corinto, ha sido
por miramiento a vosotros. No es
que pretendamos dominar sobre vuestra fe, sino
que contribuimos a vuestro gozo, pues os mantenéis firmes en la fe.
En mi interior tomé la decisión de no ir otra vez con tristeza donde vosotros. Porque si yo os entristezco ¿quién podría alegrarme sino el que se ha entristecido por mi causa? Y si os escribí aquello, fue para no entristecerme a mi ida, a causa de los mismos que deberían procurarme alegría, convencido respecto de todos vosotros de que mi alegría es la alegría de todos vosotros. Efectivamente, os escribí en una gran aflicción y angustia de corazón, con muchas lágrimas, no para entristeceros, sino para que conocierais el amor desbordante que sobre todo a vosotros os tengo.
EVANGELIO SEGÚN SAN MATEEO
(22, 1-14)
En aquel tiempo tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: “El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: ‘Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está apunto, venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dice a sus siervos. ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
EL NACIMIENTO DE LA VIRGEN
(8 de septiembre)
El ocho de
septiembre, (próximo miércoles) la Iglesia festeja la Natividad de la Virgen.
Prácticamente con esta solemnidad gozosa, se abre el calendario eclesiástico
ortodoxo –el día primero de este mes comienza el Año Nuevo litúrgico- y se
da inicio a las grandes celebraciones que, a lo largo del año, conmemoran la
realización de los misterios de salvación.
Hoy, nos dice San
Andrés de Creta, alégrense en verdad todas las cosas y salte de gozo la
naturaleza. Esta es la Madre de Dios, María, cuyo nombre fue pronunciado por
Dios mismo y de cuyo vientre salió el Dios excelso hecho carne, en ella se
construyó Él para sí un nuevo y maravilloso templo, pues ella, al dar a luz,
no perdió la integridad de su seno y Él, para nacer, no precisó simiente. Era
efectivamente Dios, si bien quiso nacer en la carne, aunque sin unión carnal,
ni dolores de parto, de modo que siendo María de verdad madre, se libró de
estas cosas propias de las madres, criando ella maravillosamente, con su leche,
a Aquél al que había dado a luz sin concurso de varón.
Siendo virgen,
concibió sin semilla alguna, permaneció virgen intacta y, aún después del
parto, conservó íntegros los sellos de la virginidad. Por lo tanto, con razón
es proclamada Madre de Dios, es glorificada su virginidad, es venerada su
maternidad y Dios, unido a los hombres y manifestado en la carne, le entrega el
honor de su propia gloria.
Exulte el cielo desde arriba y las nubes derramen la justicia; los montes destilen dulzura y regocíjense las colinas (Is. 45,8 y Jl. 3,18), porque el Señor ha tenido misericordia de su pueblo, habiendo suscitado para nosotros, en la casa de David su siervo, una fuerza de salvación (Lc.1,69) que es la Virgen purísima, que no conoció varón y de la cual nació Cristo, salvación y esperanza de los pueblos.
AÑO NUEVO ECLESIÁSTICO
(1 de septiembre)
El primer día de
septiembre se inicia el año eclesiástico. Podríamos preguntarnos ¿por qué
iniciamos el nuevo año ese día?
Dentro de los
antecedentes se encuentra un decreto del imperio romano que imponía a sus súbditos
un gravamen cada año para el mantenimiento de sus fuerzas armadas.
A este impuesto
se le dio el nombre de Indicción (Definición, Orden, Llamamiento), el cual
también fue adoptado por los emperadores en Constantinopla. Posteriormente se
usó el término de Distribución para denominarlo. En el año 312 después de
Cristo, Constantino el Grande introdujo en sus territorios este decreto después
de ser proclamado Emperador en Occidente. Hay tres tipos de Indicción: a) la
que fue introducida en occidente llamada imperial o cesariana y que inicia el 24
de septiembre; b) la así llamada
Indicción Papal que comienza el 1º de enero y c) la Constantinopolitana,
adoptada por los patriarcas de esta ciudad después de la caída del Imperio de
Oriente en 1453. Esta Indicción o llamamiento inicia el 1º de septiembre y es
observado con especial atención por la Iglesia: en este tiempo, a la vez que se
concluye un ciclo de producción con la siega y recolección de las cosechas y
su almacenamiento en los graneros, se inicia también, de nueva cuenta, la
preparación para la siembra y cultivo futuros. Por eso septiembre es
considerado el inicio del nuevo año.
La
Iglesia festeja este día suplicando a Dios por buen tiempo, lluvias generosas y
abundancia de los frutos de la tierra. Las Sagradas Escrituras (Lev.23,24 y Num.
29, 1-2) dan testimonio de que el pueblo de Israel celebraba la fiesta del
Clamor de las Trompetas en este día ofreciendo himnos de acción de gracias.
Además de lo antes dicho, nosotros conmemoramos también, la presencia del Señor
en la Sinagoga de Nazareth cuando leyó el pasaje de Isaías: “El Espíritu
del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena
Nueva” (Lc. 4, 16-30).
Debe hacerse notar que desde entonces hasta la fecha la Iglesia siempre ha celebrado el Nuevo Año en septiembre 1º.
LAS DOCE GRANDE FIESTAS DE LA IGLESIA
El año eclesiástico
se contiene entre dos grandes conmemoraciones de la Virgen Santísima: su
Nacimiento y su Dormición:
1.-Septiembre 8: Nacimiento de la Santísima Madre de Dios
2.-Septiembre 14: Elevación de la Santa Cruz
3.-Noviembre 21: Presentación de la Virgen en el Templo
4.-Diciembre 25: Natividad de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo
5.-Enero 6: Teofanía
(Bautizo del Señor)
6.-Febrero 2: Presentación de Nuestro Señor al Templo
7.-Marzo 25: La Anunciación
8.-Domingo antes de Pascua: Domingo de las Palmas
9.-Domingo de Pascua: Resurrección del Señor
10.-40 días después de la Pascua: Ascensión de Nuestro Señor
11.-Agosto 6: La Transfiguración
12.-Agosto 15: La Dormición de la Virgen