Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe
Boletin Dominical
19
de septiembre de 2004
domingo posterior
a
la exaltación de la santa cruz
“La Cruz es
guarda de todo el universo. La Cruz es hermosura de la Iglesia, fuerza de los
cristianos y firmeza de los fieles. La Cruz es gloria de los ángeles y herida
de los demonios”.
(exapostolarion)
Destruiste la muerte con tu Cruz y abriste al ladrón el Paraíso; a las Mirróforas los lamentos trocaste y a tus Apóstoles ordenaste predicar que resucitaste, oh Cristo Dios, otorgando al mundo la gran misericordia.
Salva, oh Señor, a tu pueblo y bendice tu heredad;
concede a los fieles la victoria sobre el enemigo y a los tuyos guarda por el
poder de tu Santa Cruz.
Oh Tú, que por Tu propia voluntad fuiste levantado sobre la Cruz, Cristo Dios, Ten misericordia de Tu nuevo pueblo llamado por Tu nombre, alegra con Tu poder a todos los creyentes, dándoles el triunfo sobre sus enemigos, para que con Tu ayuda haya paz y victoria irrebatible.
CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS
(2, 16-20)
Hermanos: Conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado. Ahora bien, si buscando nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, ¿estará Cristo al servicio del pecado? ¡De ningún modo! Pues si vuelvo a edificar lo que una vez destruí, a mí mismo me declaro transgresor. En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios; con Cristo estoy crucificado y, vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.
EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
(8, 34- 9, 1)
Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”
Les decía también: “Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios.”
CONDICIONES PARA SEGUIR A JESÚS
Cristo dice: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo tome su cruz y sígame” (Mc.8,34). Es de conocimiento general, que en la antigüedad, el más cruel de los castigos era la crucifixión. La cruz era símbolo de oprobio y maldición como está escrito: “Maldito el que es colgado de un madero” (Dt, 21,23 Gal. 3:13). La crucifixión era aplicada en todo el Imperio Romano únicamente a los esclavos y a los miembros de las clases inferiores extranjeras.
A causa del pecado original de nuestros primeros padres, la humanidad estaba maldita (Gn. 3,17). Cristo nos redimió de ésta maldición; ya que, como dice san Pablo, por nosotros fue hecho maldición y por nosotros fue hecho pecado (2ª Co. 5:21 Gal. 3:13); no que Cristo haya pecado sino que por nuestra salvación aceptó la maldición.
Así, Cristo al tomar nuestro lugar y morir por nosotros transformó la maldición en bendición y justicia de Dios; y al aceptar muerte de cruz, cambió el signo de la cruz, de símbolo de vergüenza y oprobio en emblema de poder y victoria sobre las fuerzas del mal y del pecado.
Al hacer Cristo el llamamiento y decirnos que tomemos nuestra cruz y le sigamos, más que interpretar el aceptar una condición de sufrimiento, es una invitación a participar de su triunfo sobre la muerte y el pecado. (1ª Co. 15,54-57). Cristo ya sufrió por nosotros: lo que debemos hacer es creer esta verdad y seguirle.
En este llamamiento, Cristo también nos dice: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo” (Mc. 8:34). Negarse a sí mismo significa entregarse a Cristo, rendirse totalmente a Él, entregando a Cristo aún la voluntad y la libertad que el hombre considera como su patrimonio más preciado.
Negarse así mismo es depender totalmente de Dios, despojarse del viejo hombre y ser una nueva criatura. Que la pasada manera de vivir quede atrás y nosotros veamos sólo al frente, hasta llegar a la estatura de un varón perfecto, de la plenitud de Cristo (Ef.4,13). No que nos olvidemos de nuestras responsabilidades y deberes, sino que todo lo que hagamos, no sea por vanagloria o contienda; sino con humildad y para la gloria de Dios. (1ª Co. 10,31; Fil. 2, 2-4)
Negarse a sí mismo es ser uno con Cristo y vivir como Cristo vivió; como dice el Apóstol: “Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios” (Gal. 2,20).
LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
(14 de septiembre)
El día 14 de septiembre, festejamos la Exaltación de la Santa Cruz, cuando Santa Helena (330), la madre de Constantino el Grande, encontró en Jerusalén el honorable Madero de la Cruz sobre el cual nuestro Señor Jesucristo fue crucificado.
La Iglesia aprovecha este acontecimiento histórico para recordar y representar la importancia de la Cruz en la vida de cada cristiano. Mientras la cruz era, antiguamente, signo de vergüenza y de menosprecio, para nosotros se convirtió en el símbolo de la Salvación, que llevamos con orgullo, colgamos en la casa, en el coche y en el cuello; nos persignamos con ella antes y después de comer, antes y después de dormir, cuando salimos de la casa, cuando manejamos el coche... y con la Cruz adornamos el cuerpo y el alma.
Todo eso lo expresa la procesión que celebramos hoy, en la cual los sacerdotes caminan con la Cruz colocada en una charola y rodeada con albahacas y flores. Al terminar la procesión, los fieles, después de besar la Cruz reciben del sacerdote una flor que figura la alegría de la Salvación, Salvación que nos brota de la Cruz.
DICHOS DE LOS SANTOS PADRES SOBRE LA SEÑAL DE LA CRUZ
+ En lugar de cargar un arma para protegerte, carga la cruz y preséntala en tus manos y en tu corazón, persígnate no nada más moviendo las manos sino también presentándola en tu mente y pensamiento.
(San Efrén el Sirio)
+ No te avergüences, hermano, de la señal de la cruz que es fuente de valentía y de bendición, en ella somos hechos como nueva creación en Cristo.
(San Juan Crisóstomo)
+ El que se persigna apresuradamente, sin orden ni atención, alegra a los demonios mientras al que con atención y firmeza presenta la Cruz desde su frente hasta el abdomen y desde el hombro derecho hacia el izquierdo, desciende la fuerza de la cruz y en él se alegran los ángeles.
+ Cuando el obispo o el sacerdote te bendice con la señal de la cruz, alégrate y acéptala como del Señor Jesucristo.
(San Juan de Crontestad)
+ Donde se presenta la señal de la cruz, se inhabilita la magia y se aniquila la fuerza de la brujería.
(San Antonio el Grande)
“Ante
tu Cruz, oh Señor, nos prosternamos, y tu Santa Resurrección glorificamos.”