Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el Caribe

Boletin Dominical

 26 de septiembre de 2004

 

El recuerdo

de san juan el teólogo

 

“Oh apóstol Juan, siendo hijo del trueno, hablaste sobre Dios a los hombres diciendo: “En el principio existía el Verbo.” Y al recostarte con fe en el pecho de tu Señor recibiste los ríos de la teología y regaste toda la creación.”

 (exapostolarion)

 

TROPARIOS

Tropario de Resurrección (Tono 8)

Descendiste de las alturas, oh Piadoso, y aceptaste el entierro de tres días para librarnos de los sufrimientos. ¡Vida y Resurrección nuestra, oh Señor, gloria a Ti! (Escuche el tropario)

Tropario del apóstol san Juan, el Teólogo (Tono 2)

Oh amado Apóstol de Cristo Dios, apresúrate y auxilia a un pueblo indefenso, pues Quien admitió te recostaras en su pecho, te acepta como intercesor. Suplícale, oh Teólogo, que disipe la nube de los adversarios, implorando para nosotros la paz y la gran misericordia.

Kondakion  (Tono 4)

Oh Protectora de los cristianos indesairable; Mediadora, ante el Creador, irrechazable: no desprecies las súplicas de nosotros, pecadores, sino acude a auxiliarnos, como bondadosa, a los que te invocamos con fe.  Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica, oh Madre de Dios, que siempre proteges a los que te honran.

PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN JUAN

(4, 12-19)

Hermanos: A Dios nadie le ha visto. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en Él y Él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en Él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud en nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulse el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. Nosotros amemos, porque Él nos amó primero.

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN

(19, 25-27; 21, 24-25)

En aquel tiempo: junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.  Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.”  Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre.”  Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay muchas otras cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.

EL DESCANSO DE SAN JUAN EL TEÓLOGO

Hoy, 26 de septiembre, la Iglesia conmemora la dormición  del discípulo “a quien amaba Jesús, el que en la cena (mística) se había recostado en su pecho”, el Apóstol y Evangelista Juan, quien recibió del Maestro el nombre de “hijo del trueno” en una clara alusión a su Teología que se escucharía como un trueno por todo el mundo y llenaría la tierra entera.

El  Apóstol y Evangelista Juan pasó los últimos años de su vida en un estricto ascetismo: tomaba solo pan y agua, no se cortaba el pelo y usaba sencillas vestimentas de lino. En virtud de su avanzada edad –alrededor de los noventa y cinco años- la fuerza no le alcanzaba para predicar ampliamente la palabra de Dios, ni siquiera en los lugares cercanos de Éfeso. Por ese tiempo, instruía sólo a los obispos de la iglesia, a quienes alentaba  a enseñar incansablemente el Evangelio a la gente y, especialmente, a vivir y predicar el mandamiento del amor. Cuando el Apóstol empezó a debilitarse más, según relata san Jerónimo, sus discípulos solían llevarlo a la iglesia, pero él ya no podía dar largos sermones; su enseñanza la centraba en la incesante repetición de “Hijitos, amaos los unos a los otros.” Un día cuando sus discípulos le preguntaron porqué repetía esto sin cesar, san Juan les respondió con las siguientes palabras: “Este es el mandato del Señor, y si vosotros lo cumplen, ello bastará”.

Prócoro , uno de los siete diáconos elegidos por los apóstoles “para servir a las mesas ...varones : de reputación, llenos de espíritu y de sabiduría”  (Hechos 6, 2-3) , nos relata el descanso de San Juan el Teólogo:

Después de transcurrir 26 años desde que regresamos de la isla de Patmos a Efeso, Juan reunió a siete de sus discípulos ( yo y otros seis ) y nos dijo: ‘tomad las espadas en vuestras manos y seguidme’ Hicimos tal como nos lo ordenó y lo seguimos fuera de la ciudad hasta cierto lugar en donde nos mandó sentarnos. Luego se apartó un poco de nosotros a un sitio tranquilo y comenzó a orar. Era muy temprano; el sol todavía no había salido. Después de rezar nos dijo: ‘cavad con vuestras espadas una zanja en forma de cruz, del tamaño que yo tengo’. Así lo hicimos mientras él rezaba. Después de terminar su oración, se echó en la zanja y me dijo: ‘Prócoro, hijo mío, tu debes ir a Jerusalén; allí es donde terminarás tus días’. Luego nos dio instrucciones y nos abrazó, diciendo: ‘Tomad un  poco de tierra madre y cubridme con ella’. Entonces  lo volvimos a abrazar y tomando un poco de tierra lo cubrimos sólo hasta las rodillas. Una vez más él nos abrazó diciendo: ‘Tomad más tierra y cubridme hasta el cuello y colocar  un velo delgado sobre mi rostro y abrazadme de nuevo por última vez porque vosotros ya no me veréis más en esta vida.’ Volvimos a abrazarlo llenos de pesar, lamentándonos amargamente, mientras él nos despedía en paz. Justo cuando el sol acababa de salir él entregó su espíritu.

De acuerdo con san Jerónimo el Apóstol y Evangelista se durmió en el año 101 dC, es decir, 68 años después de la Pasión y Resurrección del Señor, lo cual lo confirman también Clemente de Alejandría e Ireneo y muchos otros Padres de la Iglesia. Todos los años, el 8 de mayo, día en el que la Iglesia lo conmemora, sale una fragante mirra de su tumba y a las oraciones al Apóstol, los enfermos se sanan para el honor de Dios que es glorificado en la Trinidad por los siglos de los siglos. Amén.

LA PARTIDA DEL PATRIARCA DE ALEJANDRÍA

La Iglesia  Ortodoxa recibió con tristeza la noticia de la muerte de su Santidad Pedro VII, Patriarca de Alejandría y toda África, al estrellarse el helicóptero que lo trasladaba de Atenas al Monte Atos donde se proponía  peregrinar en unos monasterios. Le acompañaban 3 arzobispos del sínodo alejandrino y otros clérigos y laicos; todos murieron en el accidente.

El día 15 de septiembre el cadáver fue trasladado a Egipto y el funeral se llevó a cabo en la Iglesia de San Jorge, en el Cairo, con la presencia de los Patriarcas ecuménico Bartolomé I, de Antioquía Ignacio IV, de Jerusalén Ireneo I, y el Patriarca de la Iglesia Copta Ortodoxa Anba Shenuda III.

El patriarcado de Alejandría fundado por san Marcos en el año 42 D.C., ocupa el segundo lugar en el orden honorario después del patriarcado ecuménico. Dependen de este patriarcado alrededor de 250 mil fieles de origen griego, árabe y africano que se encuentran en este continente. La Iglesia de Alejandría en los primeros siglos del cristianismo fue conocida por sus grandes teólogos: Orígenes, Atanasio, Cirilo... pero desde el 4° Concilio Ecuménico (Calcedonia 451), la Iglesia de Alejandría fue dividida, y la parte mayoritaria en esta gran ciudad rechazó adoptar las decisiones del dicho concilio y hoy forma la Iglesia conocida como la “Iglesia Copta Ortodoxa” Que cuenta con más de 6 millones de cristianos coptos.

Pedro VII, el Papa de Alejandría, tenía 55 años, había sido un gran líder eclesiástico llevó al patriarcado un aliento nuevo y durante los siete años pasados -desde su elección en 1997 como el patriarca 125° de Alejandría- llenó toda África con misiones ortodoxas serias y maduras.

La Iglesia Ortodoxa en todo el orbe eleva sus oraciones por el descanso eterno de su Santidad y de sus acompañantes: Que su memoria sea eterna.