Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela,
CentroAmérica y el Caribe
Boletin
Dominical
9 de abril 2006
5° DOMINGO DE LA GRAN CUARESMA
DE SANTA MARÍA EJIPCIACA
Exapostelario
Cuando la piedra fue sellada por los judíos y tu purísimo cuerpo fue custodiado por los guardias, resucitaste al tercer día, oh Salvador, concediendo al mundo la vida. Por lo tanto, los poderes celestiales clamaron a Ti, Oh Dador de Vida: Gloria a tu Resurrección, oh Cristo, gloria a tu Reino, gloria a tu plan de salvación, oh Único, Amante de la humanidad.
A ti, María, te cantamos como victoriosa; tu pueblo ofrece alabanzas de agradecimiento, pues de los apuros, Theotokos, nos has salvado. Tú, que tienes invencible y excelsa fuerza, de los múltiples peligros libéranos. Para que exclamemos a ti: «¡Alégrate oh Novia y Virgen!»
EPÍSTOLA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS HEBREOS
(9,11-14)
Hermanos: Presentóse Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de una Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!
EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
(10,32-45)
En aquel tiempo, Jesús Tomó a los Doce aparte y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: «He aquí que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, y a los tres días resucitará.»
Se acercaron a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te pidamos.» Él les dijo: «¿Qué quieren que les conceda?» Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús les dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que Yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que Yo voy a ser bautizado?» Ellos dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «La copa que Yo voy a beber, sí, la beberán y también serán bautizados con el bautismo con el que Yo voy a ser bautizado; pero sentarse a mi diestra o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.»
Al oír
esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús,
llamándolos, les dijo: « Saben que los jefes de las naciones las
señorean, y los grandes avasallan sobre ellas. Pero no ha de ser así
entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será
su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes, será esclavo
de todos, porque tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a
servir y dar su vida como rescate por muchos.»
CONQUESTAR EL REINO CELESTIAL
Mientras estamos a las puertas de la Semana Santa, la Iglesia nos lee este evangelio en el que Cristo prepara a sus discípulos por tercera vez: «mirad que subimos a Jerusalén, y el hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte...» Cristo se dirigía hacia su Pasión por su propia voluntad.
Pero los discípulos aún pensaban que el reinado de Cristo es una autoridad política y mundana, esperaban que Cristo el Mesías, en su momento, gobernaría al pueblo de Israel. Así que Juan y Santiago pidieron una porción en esta autoridad. Los otros diez se enojaron con ellos, no porque tenían una visión óptima de la misión de Cristo, sino porque los dos hermanos lo habían pedido sólo para sí mismos, sin los otros diez. Cristo aclara qué es la esencia de su reinado, cómo se ejerce su autoridad, y por cuál medio se logra obtener: «¿Pueden beber la copa que Yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que Yo voy a ser bautizado?» Les instruye, y a nosotros también, que el trono de su gloria es legrado por la cruz. Ellos contestaron positivamente, “si podemos” sin entender lo que estaban diciendo; lo que les importaba era conseguir aquella gloria mundana, de cualquier manera.
En aquel momento Cristo les respondió: «La copa... sí, la beberán ... pero sentarse a mi diestra o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.»; En verdad, Cristo no pretendía reducir su carga divina del juicio, -pues Él es el que “vendrá segunda ves... a juzgar a los vivos y a los muertos” como confesamos en el credo-, sino enseñarles que ha encarnado y venido al mundo no para repartir porciones en el Reino sino para mostrar cómo se conquista este Reino, pues está preparado para quienes saben conquistarlo.
Estos conquistadores, continua Cristo, no
son de los jefes de las naciones que “avasallan sobre ellas” sino los grandes
quienes, por la cruz, se vuelven servidores; los nobles quienes, por el divino
amor, lavan los pies de los demás; los fuertes quienes ven a Cristo en
el rostro de los débiles. ¡Cuán lejos está el pensamiento
de Cristo del correspondiente a la civilización de este mundo!, el que,
un día, lo había comprendido dijo: “efectivamente, siendo libre
de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda.”
(1Cor.9,19).
SOBRE LA ORACIÓN
La constante oración es la permanencia del hombre en la Presencia de Dios; es también una inflamación mística e interior con constante vigilancia a que la leña (las palabras de la oración) sea arrojada al horno y éste no sea apagado.
Preguntaron a san Basilio: ¿cómo los apóstoles oraban sin cesar? Y les contestó que ellos en todas sus acciones se concebían en Él y vivían en una entrega permanente a Él. Esta vida espiritual era su constante oración.
San Teófano el Recluso
Ya seas científico o alumno, empleado o militar, investigador o trabajador: recuerda que lo más importante a aprender en tu vida consiste en conocer la salvación en Cristo, tener fe en la Santísima Trinidad, orar con Dios diariamente, acudir a los servicios de la Iglesia y conservar el Nombre de Jesucristo en tu corazón, porque en él radica la fuerza de Dios para la Salvación.
San Juan Cronstadt
CUARESMALES
El abad de una comunidad monástica fue a participar en la celebración de un monasterio cercano y llevó con él a uno de los aprendices. Era Cuaresma. Conforme a lo acostumbrado, el banquete fue extendido inmediatamente después de la Divina Liturgia. El aprendiz vaciló en comer, porque ellos solían ayunar hasta las vísperas. Finalmente decidió hacer lo que hace su padre espiritual. Todos se sentaron a la mesa, comieron y festejaron y con ellos el padre, y así lo hizo el aprendiz. Cuando iban de regreso, pasaron por un manantial, el monje tuvo sed, y pidió la bendición de su padre para tomar agua, pero aquél le dijo: “¿Acaso no estamos en cuaresma?” El monje contestó: “Pero he aquí que hemos comido al medio día.” El padre replicó: “Hijo mío: allá rompimos el ayuno por el amor, mientras aquí quieres hacerlo por el deseo propio.”
SANTA MARÍA EGIPCÍACA
Es un gran ejemplo del arrepentimiento, digno de contemplar y seguir estando en las proximidades de la Semana Santa. La biografía muestra a una joven rebelde ahogada en el libertinaje sin límites, que se convierte en una arrepentida también sin límites. (Léase su vida en el boletín correspondiente de los años 2004 y 2005)
Desde que su corazón había quedado extasiado por el Señor, en la iglesia de la Resurrección, no volvió a ver la cara de sus pecados, y sus sentidos ya pertenecían nada más a Jesús.