Arquidiócesis
Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela, CentroAmérica y el
Caribe
Boletin Dominical
1 de enero de 2006
LA CIRCUNCISIÓN DEl SEÑOR
Y
el recuerdo de San BASILIO el Grande
Circuncidaste, oh Padre Basilio, por
la sabiduría la cubierta de tu
alma; y por los milagros te manifestaste como sol que ilumina el corazón de los
fieles, oh sabio Adorador de la Trinidad, e iniciado del misterio de la Madre de
Dios.
(Exapostelario)
Que se alegren los celestiales, y que se regocijen los terrenales, porque el Señor desplegó la fuerza de su brazo, pisoteando la muerte con su muerte; y siendo el primogénito de entre los muertos, nos salvó de las entrañas del Hades y concedió al mundo la gran misericordia.
Oh Compasivo Señor, Tú que eres Dios en esencia, has asumido la naturaleza humana sin mutación; y cumpliste la Ley, aceptando voluntariamente la circuncisión de la carne, para anular las sombras y quitar el velo de nuestras pasiones. ¡Gloria a tu Divinidad! ¡Gloria a tu misericordia! ¡Gloria a tu inefable condescendencia, oh Verbo!
Ha
resonado tu voz, oh justo padre Basilio, en toda tierra que recibió tus palabras,
con las cuales hablaste sobre Dios debidamente, aclaraste la naturaleza de todo
lo existente, y educaste con la moral a los humanos. ¡oh venerable Padre, portador
del sacerdocio real, intercede ante Cristo Dios, para que salve nuestras almas!
El Señor de todo, hoy, al someterse a la ley antigua, circuncida, el Bondadoso, las transgresiones de los mortales, otorgándole la salvación al universo, y Basilio en las alturas se alegra, el iluminado obispo del Creador, el iniciado divino de Cristo, Basilio Magno.
CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS COLENSENSES
(2, 8-12)
Hermanos: Mirad que nadie os esclavice
mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo
y no según Cristo.
Porque en El reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente, y vosotros alcanzáis la plenitud en El, que es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad; en El también fuisteis circuncidados con la circuncisión no quirúrgica, sino mediante el despojo de vuestro cuerpo mortal, por la circuncisión en Cristo. Sepultados con El en el bautismo, con El también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos.
EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
(2, 21; 40-52)
En aquel tiempo, los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al Niño, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.
El niño crecía y se fortalecía llenándose de sabiduría, y la gracia de Dios estaba sobre Él.
Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron como de costumbre a la fiesta y, al volverse ellos, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y lo buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
Y sucedió que, al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando lo vieron, quedaron sorprendidos y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? He aquí, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» Él les dijo: «¿Por qué me buscaban? ¿No saben que debo estar en lo de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron las palabras que les dijo.
Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos; y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.
VIDA NUEVA Y VANAS FILOSOFÍAS
En este tiempo, repleto de villancicos, repicar acompasado de campanas, de abrazos y risas, de olor a pino y a ponche, es muy frecuente escuchar también este otro estribillo: año nuevo, vida nueva. Lamentablemente, la esperanza y el deseo de una mejor vida, pronto se olvidan y pasan ligeros como el viento, sin dejar huella, salvo un cierto dejo de desilusión, desgaste y hasta de desolación.
Cargados de vanidad, por la publicidad y el comercio, y vaciados del único contenido que verdaderamente les puede dar sentido, Cristo, nuestro Dios, se agotan en sí mismos antes de ser alcanzados. La vida nueva como oferta de inicio de año ciertamente no es más que un eslogan publicitario que busca estimular las compras y magnificar las ventas; que reduce el sentido de la vida a la sola posesión de cosas y a su disfrute, al apego de lo material. San Pablo nos alerta en la carta a los Colosenses que leímos hoy: “que nadie los esclavice mediante la vana falacia de una filosofía fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo” (2,8). ¿Por qué esta llamada de atención? Porque es increíble la facilidad con que renunciamos a nuestra riqueza verdadera, a Cristo, a nuestra fe, a costumbres morales y religiosas, a nuestra vocación cristiana de hombres libres, y nos volvemos voluntariamente a los viejos errores y transgresiones, a la esclavitud del pecado. Con gran ligereza nos dejamos engañar y seducir por profetas falsos y filósofos vanos que claman tener respuestas felices y fáciles a todos los problemas de nuestra naturaleza humana, y cuyas ideas y concepciones son más producto de su propia imaginación e inventiva, de su fantasía y ambición desmedida, que de un verdadero y profundo conocimiento de la vida.
Sin embargo, lejos de toda vanidad e intención insana, desear y buscar la vida nueva es, en sí, toda una bendición de Dios: es anhelar las cosas de arriba, no las de la tierra; es aspirar a la vida perfecta, a Cristo, a vivir en Él “enraizados y edificados en Él; apoyados en la fe, rebozando en acción de gracias. Porque en Él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente y nosotros alcanzaremos la plenitud en Él (2,9-10). En Cristo está la respuesta del verdadero significado de la vida, porque Él es la Vida y la Verdad. La fuente del conocimiento de la vida cristiana, de la vida nueva. ¿A qué buscar, entonces, en creencia, cultos y filosofías, ajenos y contrapuestos a nuestra fe el sentido de la vida?
San Pablo nos exhorta “a despojarnos del hombre viejo con sus obras y a revestirnos del hombre nuevo....como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia... y, sobre todas estas cosas a revestirnos de amor” (3,10-14). La vida en Cristo, esa es en verdad la vida nueva. Que la Paz y la Palabra del Señor abunde en nuestros corazones e ilumine nuestras vidas. Amén.
SAN BASILIO EL GRANDE
Nacido alrededor del año 329 en Cesarea, capital de Capadocia (la actual Kayseri, en Turquía), en el seno de una familia ampliamente reconocida por su cultura y santidad, Basilio perfeccionó su formación en las escuelas más importantes de Constantinopla y Atenas. Fue precisamente en esta última capital en donde entabló una profundísima amistad, que perduraría toda su vida, con Gregorio de Nacianzo, quien después sería honrado y conocido como “el Teólogo”. Allí también en Atenas, apenas cumplidos los veinte años de edad y concluidos sus estudios, es atraído con gran fuerza a una vida vivida evangélicamente e inicia su corto pero exuberante camino a la santidad que lo llevaría a ser honrado como “el revelador de las cosas celestiales” y “el Grande”. En una de sus Cartas, San Basilio nos habla de esta primera etapa de su bienaventurada vida:
“He perdido casi toda mi juventud en el vano trabajo al que yo me aplicaba para adquirir las enseñanzas de la sabiduría que Dios proclama loca. Un día, me desperté como de un profundo sueño, volví los ojos hacia la admirable luz de la verdad evangélica, y vi la inutilidad de la sabiduría de los príncipes de este mundo, abocados a la destrucción. Entonces lloré mucho por mi vida miserable. Y pedía que alguien me diese su mano para introducirme en las doctrinas de la piedad. Ante todo me preocupaba de enmendar mis costumbres largo tiempo pervertidas por frecuentar a gente de mala vida. Así, pues, habiendo leído el Evangelio y habiendo observado que un modo eficacísimo de alcanzar la perfección consistía en vender las posesiones, en compartir su producto con mis hermanos los pobres, en quedar completamente libre de los cuidados de esta vida y en no permitir a complacencia alguna el hacer a mi alma volverse hacia las cosas de aquí abajo, yo ardía en deseos de hallar entre los hermanos a alguien que hubiera escogido este mismo camino de la vida, con el fin de franquear juntos el oleaje de esta vida. Descubrí muchos hombres de esta clase en Alejandría, en Egipto... Por eso, cuando vi que algunos en mi patria se esforzaban por imitar sus virtudes, creí haber hallado una ayuda para mi salvación.