Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena
de
México, Venezuela,
CentroAmérica y el Caribe
Boletin Dominical
18 de junio de 2006
domingo de todos
los santos
“Coronemos con cánticos, como
deudores obligados, al precursor y bautista, a los apóstoles, profetas y
mártires; archisacerdotes, ascetas, ieromártires, mujeres amantes de Dios y a todos los
justos junto con los coros angélicos pidiendo que, por sus ruegos, alcancemos la
gloria que han obtenido, la gloria que brota de Cristo Salvador.
(Exapostolarion)
Descendiste de las alturas, oh Piadoso, y aceptaste el entierro de tres días para librarnos de los sufrimientos. Vida y Resurrección nuestra, oh Señor, gloria a Ti.
Oh Cristo Dios, tu Iglesia, adornada con la sangre de tus mártires en todo el mundo, como si fuera con fino lino y púrpura, por ellos, te ruega diciendo: envía tu piedad sobre tu pueblo, otorga al mundo la paz, y a nuestras almas la gran misericordia.
Oh Sembrador de la creación, el universo Te ofrece, como primicias de la naturaleza, a los Mártires, Portadores de Dios; por cuyas súplicas y las de la Madre de Dios, conserva a tu Iglesia en profunda paz, oh Señor Todo Misericordia.
CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS HEBREOS
(11, 33-40; 12, 1-2)
Hermanos: Los Santos (del Antiguo
Testamento), por la fe, sometieron reinos, hicieron justicia, alcanzaron las promesas,
cerraron la boca a los leones; apagaron la violencia del fuego, escaparon del
filo de la espada, curaron de sus enfermedades, fueron valientes en la guerra,
rechazaron ejércitos extranjeros; las
mujeres recobraron resucitados a sus muertos.
Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección
mejor; otros soportaron burlas y
azotes, y hasta cadenas y prisiones; apedreados,
torturados, aserrados, muertos a espada; anduvieron errantes cubiertos
de pieles de ovejas y de cabras; faltos de todo; oprimidos y maltratados, ¡hombres
de los que no era digno el mundo!, errantes por desiertos y montañas, por cavernas y antros de la tierra. Y todos ellos, aunque alabados
por su fe, no
consiguieron el objeto de
las promesas. Dios tenía ya dispuesto algo mejor para nosotros, de modo que no llegaran ellos sin nosotros a la perfección.
Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús.
EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
(10:32, 33, 37, 38 ;19:27-30)
Dijo el Señor a sus discípulos: «Por todo aquél que se declare por Mí ante los hombres, Yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
El que ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás, no es digno de Mí.»
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «He aquí que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?» Jesús les dijo: «Yo les aseguro, que en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su Trono de gloria, ustedes que me han seguido se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquél que haya dejado casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi Nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros.»
DOMINGO DE TODOS LOS SANTOS
La santa Iglesia ha designado este domingo, el primero después de Pentecostés, para la memoria de Todos los Santos, señalando la obra del Espíritu Santo y su primer fruto: la santificación de los fieles. El Espíritu Santo mora en nosotros, nos santifica y “purifica de toda mancha”. La santidad en el Nuevo Testamento surge de Pentecostés: cuando los cristianos, con pureza de vida, lucha y disposición, tienden las velas de su alma, el Espíritu Santo sopla en ellos brisas de Gracia que los lleva mar adentro en la vida de Santidad.
En este domingo se conmemoran Todos los Santos, no nada más los que tienen sus propias fechas en el calendario litúrgico, que son proclamados santos oficialmente, sino también los que, aún no conocidos por la Iglesia, el Señor ha hecho morar en su Reino: apóstoles, mártires, justos y maestros, Etc., todos ellos que caminaron en el angosto camino, y que ahora comparecen ante su Rostro e interceden por nosotros.
LO SANTO
En nuestro religioso vocabulario solamos
usar el adjetivo santo para calificar a Dios, a las personas y también
a ciertos objetos.
¿Qué es lo que indica la palabra “santo”?
Tomando en cuenta estos dos sentidos de la palabra santo, la usaremos cristianamente con los siguientes calificados:
- Santo Dios: Él es la fuente pura de santidad, la imagen a la cual el hombre fue creado, y la semejanza que procura alcanzar. “Así como el que os ha llamado es Santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta.” (1 Pd. 1:15).
Los santos files: la Iglesia primitiva llamó santos a todos los cristianos. Por ejemplo, el apóstol Pablo dirigió sus cartas a los santos de Roma, a los santos de Corintio, de Filipos (Rom. 1: 7; 1ª. Cor. 1: 2; 2ª.Cor. 1: 1; Ef. 1: 1). Y si hubiera escrito una carta a nosotros hoy, la hubiera dirigido a los santos de México. Porque “ésta es la voluntad de Dios: su santificación” (2ª. Tes. 4: 3). Somos santos por vocación, separados para Dios desde el Bautismo y sellados con su Santo Espíritu. Y éstos son los frutos de la santidad: “Amor, alegría, paz, paciencia, bondad, mansedumbre, dominio de sí.” (Gál. 5: 22)
- Los santos Padres: son la parte triunfadora de la comunidad de la Iglesia, que no cesa de orar ante Dios por la salvación de nosotros que formamos la Iglesia luchadora. Y nosotros en cambio, observamos su ejemplo, seguimos sus pasos y pedimos su intercesión.
- El santo mundo: el mundo en sí, con todos sus componentes, no es ni sagrado ni profano; el uso es el que santifica o deshonra. Calificar a unas entidades como santas (icono, templo, arte...) no es un destino divino que separa en el mundo entre lo sagrado y lo impuro, sino un anhelo humano que procura transformar al mundo, por la divina Gracia, en el Reino de Dios, en el lugar de su Presencia.
LA INTERCESIÓN DE LOS SANTOS
El concepto de la Iglesia sobre este punto está relacionado con su comprensión de la muerte. Los fieles, desde los primeros tiempos, han acostumbrado orar los unos por los otros pidiendo la intercesión de los justos “la oración ferviente del justo tiene mucho poder” (Santiago 5,16).
Si la Iglesia nos enseña a pedir los ruegos de los justos vivos, cuanto más nos alienta a pedir las intercesiones de aquellos que ya han sido coronados con la victoria de la santidad. Pues, su muerte no ha sido más que un paso hacia la Vida. En las catacumbas romanas de los primeros siglos cristianos se encuentran testimonios como las siguientes oraciones: “Noria, seas bienaventurada y ruega por nosotros” y “Pedro y Pablo, rueguen por Víctor”.
Con la irrupción de la Iglesia en
el ámbito pagano, y la entrada masiva de gentiles a las filas del cristianismo,
algunas veces, la veneración a los santos se exageró, llegando
éstos a tomar el lugar de los dioses paganos. Esta situación se
tradujo en un distanciamiento entre la teología y adoración cristiana
por un lado, y por el otro las prácticas cultuales de algunos grupos.
Mas la Iglesia siempre ha conservado la transparencia de los santos: son lunas
que reflejan la luz del Sol verdadero; los santos nos guían a Cristo.